ZETA narra un evento anual obligatorio que provoca que 500 estudiantes varones de entre 10 y 18 años, convivan durante 7 días en medio del monte tucumano aislados de la sociedad, la urbe, y cualquier dispositivo tecnológico.En este distanciamiento, y en absoluta cercanía con la naturaleza, uno de estos chicos es el Zorro, el protagonista del juego más importante del campamento, y quien provoca que todas las actividades se estructuren en base a sus apariciones sorpresivas. Desde este particular juego se expondrá la violencia, presente en cada aparición del personaje protagonista, y en contrapunto las acciones y actividades diarias, que nos ofrecerán un fuerte concepto de organización, amistad y compañerismo.

Cuando Vicente era un joven y eficiente policía, luchaba por evadir el acoso de uno de sus superiores, el Inspector General Ramírez, funcionario corrupto vinculado a negocios del narcotráfico y enemigo de su difunto padre, el noble comisario Garibaldi. En cooperación con tres de sus amigos del barrio, y bajo la batuta de uno de ellos, el abogado López, Vicente participa en una trampa para desenmascarar a Ramírez y ponerlo a disposición de la justicia. Sin embargo, López traiciona a Vicente y utiliza las pruebas obtenidas contra Ramírez para negociar su participación en los negocios de la cúpula del crimen organizado del Río de la Plata.

LUISA, una joven campesina, negra, pobre, analfabeta, que regresa al campo, no logra adaptarse a este después de haber trabajado y vivido con su papá en el pueblo de Manatí, donde consigue un novio con el que alquila un cuarto saliendo embarazada. Pierde el empleo y es rechazada por el hombre y por el padre, teniendo que regresar con su hija de meses a “Espinoza”, donde todo le fastidia, echando la culpa de ello a la pequeña. Manteniendo siempre su deseo de irse de nuevo al pueblo. Tiene confrontaciones con la familia quienes le critican su forma mala de ser y maltratos a la niña, CLARA, madre, ISABEL, hermana, PETRA, tía y especialmente con EDUARDO, tío, quienes le piden reiteradamente de que deje la criatura en el caserío. Las discusiones con la madre la llevan a vivir con la ABUELA, casa que en un amanecer abandona con su hija en los brazos. Al poco tiempo aparece el cuerpo de la niña asesinada a puñaladas en un riachuelo.

La situación de Gaby (14) es insostenible. La armonía de su casa se derrumba cuando, de un día para otro, su abuelo César (69) comienza a tener comportamientos extraños. A pesar de que su intimidad se ve amenazada, Gaby prefiere mantener el secreto. Mariana (45),madre de Gaby, preocupada por los síntomas de agotamiento de su suegro, planifica un viaje a Venezuela. Mariana sospecha que César padece una depresión; está convencida de que las vacaciones de verano aligerarán el estrés y funcionarán como terapia. La idea, sin embargo, está llena de trampas. Para Mariana y César, Venezuela es un lugar cargado de memoria, un mundo perdido del que escaparon hace tiempo. Gaby, por su parte, se muestra expectante y curiosa. Por primera vez, tiene la oportunidad de conocer los orígenes de su familia.

Nacho, un adolescente de Buenos Aires es enviado a pasar una temporada a la estancia de cría de vacas de su padre Marcos, un hombre estricto con quien casi no tiene relación. La estancia está ubicada en la llanura pampeana, un lugar cargado de violencia naturalizada: contra los animales, tratados como mera mercancía; contra los trabajadores, con quienes se establece un trato feudal; contra la mujer que debe ser sumisa, tolerando todo tipo de maltratos; y la violencia de la naturaleza implacable en este escenario donde rige la ley del más fuerte.
A poco de llegar, Nacho no logra relacionarse con este padre embrutecido y empieza a pasar tiempo con un grupo de adolescentes que trabajan en la estancia. Entre ellos se establece un juego de poder particular porque por un lado él es el hijo del patrón y por lo tanto patrón de ellos, pero por otro lado Nacho es tímido y viene de la ciudad, y por lo tanto es foco de burlas y hostigamiento.

A falta de sus padres, Olimpia de 6 años, es llevada desde la capital al campo para quedar bajo la tutela de sus dos abuelos, el amoroso Lorenzo y la estricta Laura. Allí conoce a Miguel, dos años mayor que ella, quien se convierte en su único amiguito. Es criada bajo las costumbres y el celo de un hogar tradicional católico a principios de los años 80, en Constanza, República Dominicana. Años mas tarde, el impactante descubrimiento de que Olimpia está embarazada, apenas con 11 años, destruye la armonía de toda la familia.

A través de los ojos de un niño, hijo de padres judíos‒polacos llegados a Uruguay en los años treinta, se cuenta la historia de una familia de inmigrantes y sus avatares. Una historia fragmentada, hecha de retazos de vivencias a veces imaginadas, a veces reconstruidas en los lapsus de la memoria. Como un traje hecho con diversas telas que un sastre se empeñara en coser, así son «Las Cartas que no llegaron».

Manuel, tiene 17 años. Sus padres se separaron hace tres meses. Es el hijo mayor y siente esa responsabilidad. Está preocupado de que su hermano y sus padres estén bien. Intenta ayudarlos en todo para que salgan adelante. Cesar, tiene 43 años. Hace tres meses se separó de su esposa. Parece que la separación no le ha afectado, se siente liberado, viste a la moda, se afeito el bigote, esta rejuvenecido. Agustín, tiene 13 años. Desde hace tres meses tiene problemas de conducta y académicos en el liceo. Toca la batería todo el tiempo y aunque no lo hace muy bien, lo disfruta mucho

Un sorpresivo hallazgo altera la rutina de un pequeño pueblo cuya subsistencia depende de la producción lechera. El metano que las vacas expelen en cantidades industriales a la atmósfera no solo es neutralizada sino que en combinación con unas peculiares rocas, se convierten en energía limpia y eternamente renovable. El descubrimiento trastoca la vida de los habitantes que, incentivados por un
vendedor inescrupuloso, transforman la infraestructura que usaban para obtener leche en un estrafalario sistema para capturar los gases de los animales, y así provocar la reacción con las extrañas piedras, envasarla y comercializarla.

A comienzos del siglo XX Uruguay estaba atravesando lo que se conoce como su segunda modernización. El país intentaba afirmarse como nación sobre las bases del modernismo batllista y reformular una identidad nacional, que nunca se había consolidado verdaderamente. Durante ese periodo el futbol se instaló como una pasión popular sin comparación dentro de todos los sectores de la sociedad. En este contexto, la selección nacional se volvió tremendamente relevante a nivel social, cumpliendo una función aglutinante y convirtiéndose en uno de los mayores motivos de orgullo nacional.

Koch, rubio, de unos 30 años y Triana, un poco más joven, viajan a dedo hacia Florianópolis, Brasil, repitiendo un viaje que ya hicieron unos años atrás. Pasando la frontera los recoge una camioneta conducida por un hombre que acepta llevarlos hasta Porto Alegre. Paran a cenar en un bar sobre la ruta, donde conocen a Monique, una mulata que intenta enseñarle a Koch a bailar una danza brasileña, mientras el conductor hace lo propio con Triana. A partir de allí, el viaje en la camioneta se vuelve tenso y el conductor se comporta de manera cada vez más amenazante.

En un rincón de Sajonia, Asuncion, barrio que conserva las costumbres de antaño vive Doña Porota, una señora de 60 años casada con Atilio, quien pasa sus días postrado en la cama debido a una esclerosis múltiple, acompañado por Rufo, su perro labrador de toda la vida. Porota mantiene una amistad con Doña Chiquita, viuda y dueña de un loro llamado Timoteo; y con Doña Nena, soltera conocida por su bondad infinita y ser muy religiosa.
Un día, Porota se sobresalta al ver que Rufo llega a la casa con el loro de su amiga en la boca. Temerosa de que linchen a su perro por matar a Timoteo, famoso en el barrio por gritar groserías a los transeúntes, acude desesperada a Nena, con quien se ingenia de todas las maneras posibles para revivirlo antes de que vuelva Chiquita, quien aprovechando un feriado largo realiza un viaje a Clorinda. Finalmente deciden calentar al animal y maquillarlo para que luzca como si acabara de morir. Tres días después, regresa Chiquita y junto a sus dos amigas van a su casa. Grande es la sorpresa de Nena y Porota al ver la reacción de Chiquita, quien grita emocionada al ver a su loro en su jaula. Ésta explica que antes de viajar había enterrado a su loro y que milagrosamente, revivió. Cuando se dan cuenta que el loro está en la jaula muerto, Chiquita explica que es lo mismo que le pasó a Jesús. Estuvo muerto tres días para luego resucitar y morir de vuelta.

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