Image Image Image Image Image
Scroll to Top

Ir Arriba

Héctor Ríos. © Archivo de Sergio Trabucco Ponce.

Héctor Ríos, director, guionista, productor y sobre todo director de fotografía chileno, “probablemente el más importante que ha tenido Chile en su oficio y del que ha sabido dar cuenta también como maestro de varias generaciones” según lo define CineChile. Enciclopedia del Cine Chileno, falleció el pasado miércoles 15 de marzo. Uno de sus amigos de toda la vida, el también cineasta Sergio Trabucco Ponce, se toma la molestia de rastrear en sus archivos para ayudarnos a rendirle homenaje. De modo que esta semblanza del maestro Ríos —Ríos de luz, como se titula un documental dedicado a su obra— le debe todo a él, información, fotografías y cariño.

“Al cine llegó por azar.” Así presentaba Eliana Jara a Héctor Ríos en la entrevista que le hizo para la revista Enfoque en el número de invierno-primavera de 1984. A continuación contaba que, tras titularse como Técnico Electricista, “fue a Italia a aprender Escenografía y terminó estudiando Dirección de Fotografía y Cámara en el Centro Sperimentale di Cinematografia di Roma. De vuelta a Chile, tuvo que esperar unos buenos años antes de comenzar a aplicar sus conocimientos. La ocasión vino cuando Pedro Chaskel lo llamó en 1964 integrar la planta de Cine Experimental de la Universidad de Chile. Junto con el propio Chaskel, Sergio Bravo, Helvio Soto, Álvaro Ramírez, Douglas Hübner, Samuel Carvajal, Leonardo Céspedes, entre otros, formaría la pléyade de cineastas y técnicos que a través del alero universitario darían al cine chileno un perfil. Cine Experimental significó no sólo una productora de películas sino una escuela, un modo de hacer y ver el cine que marcaría profundamente el quehacer cinematográfico de esa época”.

Ese perfil lo demostró el propio Héctor Ríos en los años siguientes, cuando poco a poco se fue convirtiendo en lo que hoy significa para su país: “el padre de la fotografía en el cine chileno”, como lo llamó el diario La Tercera al dar la noticia de su fallecimiento o, mejor aun, en palabras de CineChile. Enciclopedia del Cine Chileno, “probablemente el más importante que ha tenido Chile en su oficio y del que ha sabido dar cuenta también como maestro de varias generaciones”. Asumió la fotografía de películas fundamentales del Nuevo Cine Chileno como El Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littín (1969) o La colonia penal, de Raúl Ruiz (1970), y la dirección o codirección de documentales como Venceremos (1970) o Entre ponerle y no ponerle (1971).

Como la de muchos de sus compatriotas, su trabajo se vio interrumpido tras el golpe de Pinochet de 1973. Se va primero a Perú, donde filma El enemigo principal con el maestro boliviano Jorge Sanjinés —otro grande del cine latinoamericano de esa época—, luego a Honduras y finalmente se instala en Venezuela, donde a lo largo de una década desarrolla una extensa labor como docente y también en la producción de cortos y largometrajes. Allí también publica su primer y único libro: Técnica fotográfica en el cine.

Héctor Ríos. © Archivo de Sergio Trabucco Ponce.

Héctor Ríos. © Archivo de Sergio Trabucco Ponce.

Hasta su marcha de Chile, “todo lo que había hecho era en blanco y negro y de pronto me ví enfrentado al color”. “De repente me encontré como atrapado en un territorio que no dominaba. Con el blanco y negro había logrado cierta soltura y de pronto me sobrevino este cambio radical”, le contaba a Eliana Jara y José Román para Enfoque. Ellos le preguntaron si finalmente aprendió a preferir el color: “Realmente no”, les respondió. “Son dos formas de expresión tan distintas. Al comienzo, reconozco que sentía cierto rechazo por el color no sólo en relación a lo que ya hacía, sino en general, al cine en colores que veía desde los años sesenta. Empecé a sentir admiración por el uso de los colores a medida que fui conociendo las obras más destacadas de los grandes directores de fotografía de Europa: Rotunno, Nykvist, Cuadrado, Alcott. Últimamente he admirado mucho los trabajos de Néstor Almendros, Vittorio Storaro, Luciano Tovoli, que me han quitado de encima cualquier tipo de prejuicios que aún pudiera conservar.”

Entrando en el terreno específico de la dirección de fotografía, en esa misma entrevista de 1984, Héctor Ríos dice: “De partida quisiera decir que siempre he sentido mi oficio como no-técnico, sino ubicado en un territorio limítrofe entre lo técnico y lo artístico. Y en ese territorio limítrofe la relación con el director es fundamental. El diálogo con el realizador debe producirse desde el momento mismo en que uno conoce el guión y no parar hasta que la película esté terminada como imagen. La preparación de un proyecto lo va llevando a uno por distintas etapas de maduración [de modo que] cuando se inicia la filmación ya tiene que estar muy claro lo que se pretende obtener en cuanto a la atmósfera, a un estilo, a un determinado cromatismo.”

Para explicarse mejor le salía el docente que llevaba dentro y ponía como ejemplo las películas de Bergman: “Creo que gran parte de la atmósfera que se consigue en exteriores se debe a los aciertos del director de fotografía, el cual logra hacer sentir al espectador esa luz nórdica tan especial y distinta en comparación a otras; la luz del trópico, por ejemplo. Recuerdo a propósito de la luz del trópico que cuando me enfrenté a ella me esforzaba por llegar a descubrir la forma de reproducir esa luz. Una luz que lo invade todo, que arrasa con los colores, que los inunda y los llena de blanco, desaturándolos. Pareciera que uno está sumergido en una especie de cúpula luminosa y flotara sobre la luz. Una sensación que nunca pude lograr en las películas que hice, salvo en pequeños chispazos. Ha sido una preocupación constante para mí, porque no es cuestión de sobre-exponer la película para que los colores se desaturen. Es una atmósfera muy particular […] No es un problema de exposición, sino más bien de filtraje. De alcanzar un dominio técnico muy grande y de tener los medios para experimentar y obtener por medio del filtraje, del tipo de películas y del revelado aquello que estás persiguiendo. Por otra parte, no sólo es un problema tecnológico, tiene que ver también con la sensibilidad”.

Héctor Ríos. © Archivo de Sergio Trabucco Ponce.

Héctor Ríos. © Archivo de Sergio Trabucco Ponce.

Su obra completa se compone de 38 películas: seis como director, tres como guionista, una como productor general y 28 como director de fotografía. En 1990 también se encargó de la fotografía del videoclip de Corazones rojos, de la banda de rock Los Prisioneros. En 2011 se estrenó Ríos de luz, un corto documental dedicado a su obra realizado por Maga Meneses. En los últimos años se estableció en Viña del Mar, donde fue profesor en la fundación que tiene allí la Universidad Católica de Chile. En esa ciudad al lado del mar lo encontró también la muerte, el pasado miércoles 15 de marzo.

Al día siguiente, el actor Nelson Villagra, quien interpreta a Jorge del Carmen Valenzuela ‘El Chacal de Nahueltoro’ en la célebre película de Littín, lo lamentaba con estas palabras: “Ha fallecido un magnífico ser humano: sencillez y casi humildad a toda prueba, contrastada con su particular talento como director de fotografía y camarógrafo: Héctor Ríos. Un artista, un creador que supo darle aun mayor expresividad a las diversas producciones cinematográficas a las cuales fue invitado, fueran documentales o ficción. Inolvidable para mí es el seguimiento fotográfico que me hizo con la cámara en un plano particularmente dramático en El Chacal de Nahueltoro: un plano que considero ícono en la cinematografía chilena”.

Miguel Littín se sumó al homenaje con este recuerdo: “Estábamos a punto de filmar el fusilamiento durante una madrugada, pero yo decidí parar y nos vinimos a Santiago en dos citronetas, donde trabajamos 48 horas sin parar. Héctor Ríos y su cámara eran casi un solo ente, una sola persona. No la ponía desde lejos, sino que iba junto a los personajes, descubriendo o creando nuevos mundos. […] Nosotros filmamos en los alrededores de Chillán, donde realmente vivió José del Carmen Valenzuela. La cámara en mano era algo vital para Héctor. Llegó a tomar clases de mímica para poder llevarla de la mejor forma posible. Era tan preocupado de su trabajo que al final del día siempre revelaba un fotograma de cualquier forma posible. Para mí fue un gran amigo y un gran maestro”.

Este artículo le debe todo, información, fotografías y cariño, al cineasta chileno Sergio Trabucco Ponce, autor también de unas memorias imprescindibles para comprender el cine chileno y latinoamericano actual que fueron publicadas por LOM Ediciones en 2014 bajo el título de Con los ojos abiertos. El nuevo vine chileno y el movimiento del nuevo cine latinoamericano. Generoso como pocos, Trabucco también nos envía estas palabras por email: “Mi amistad con Héctor tiene mas de 50 años. Lo conocí en Cine Experimental de la Universidad de Chile, que dirigía otro grande de la historia de nuestro cine, Peter Chaskel. Era bastante mayor que yo, pero en realidad no tenia más de 37 años. Eran los años que nos llevarían a ese encuentro maravilloso de Viña del Mar 67”.

Documental – Ríos de luz from Jorge Aliaga on Vimeo.

Tags | , , , , , , , , , , , , , ,

CAACI

Blogroll

    ICAU AECID ANCINE Centro Costarricense de Producción Cinematográfica CNAC CNCINE CONACINE Bolivia Consejo Nacional para la Cultura y las Artes ICAIC Consejo Nacional de la Cultura y las Artes Perú – Ministerio de Cultura Secretaria Ministério do Audiovisual da Cultura Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay Dirección General de Cine (DGCINE) – República Dominicana ICA Instituto Mexicano de Cinematografía INCAA Ministerio de Cultura República de Colombia Corporación CINE Puerto Rico Sistema Estatal de Radio y Televisión

Unidad Técnica Programa Ibermedia, 2013 - Desarrollado por CódigoMedia