El sendero azul (O Último Azul y The Blue Trail en inglés), la más reciente película del talentoso cineasta brasileño Gabriel Mascaro, suma una semana más en la cartelera comercial de varias ciudades españolas después de haberse alzado con numerosos premios en importantes festivales de cine como el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín, el Premio a la Mejor Película Iberoamericana y el Premio Maguey a la Mejor Interpretación (para Denise Weinberg) en el Festival de Guadalajara, el Premio del Jurado Joven a la Mejor Película en la Seminci de Valladolid o el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de La Habana y los Golden Panda Awards de China.
Distribuida en España por Karma Films, la película de Mascaro se puede ver en Alicante, en los cines Aana; en Barcelona, en los cines Verdi, Renoir Floridablanca y Maldà; en Bilbao, en los Golem Alhóndiga; en Cádiz, en los Cineápolis Centro; en Getxo, en los Zinemak; en Lleida, en los ScreenBox Funatic; en Madrid, en los Renoir Princesa, Golem, Verdi y Embajadores; en Málaga, en los Albéniz; en Olías del Rey, en los Real Cinema Olías; en Pamplona, en los Golem Yamaguchi; en San Sebastián, en los Antiguo Berri; en Santiago de Compostela, en los Compostela; en Valencia, en los Babel; en Vitoria, en los Florida Guridi, y en Zaragoza, en los Aragonia.
El sendero azul (O Último Azul) narra la historia distópica de una mujer de 77 años (Tereza, interpretada por la premiada y muy celebrada Denise Weinberg) que va a ser desterrada a una colonia para ancianos, para que estos «disfruten sus últimos años de vida». Una excusa para excluirlos de la sociedad, alejados de su familia y donde muy pocos sobreviven.
Tereza, sin embargo, se resiste a aceptar ese destino que le han impuesto. Sobrevive con una mísera pensión y tiene que trabajar limpiando un matadero de caimanes, pero cada vez más acorralada por las autoridades llega a perder su trabajo. Antes de que le arrebaten su libertad y en busca de cumplir un último deseo, emprende un viaje por el Amazonas, donde se sumerge en aventuras y dimensiones que no conocía.

Además de la brillante actuación de Denise Weinberg, la cinta cuenta también con las actuaciones de Rodrigo Santoro y la cubana Miriam Socarrás, quien da vida a Roberta, una mujer que ayuda a Tereza en el barco en el que recorre los afluentes del Amazonas, le enseña el valor de la libertad y termina siendo siendo cómplice de su aventura.
El cuarto largometraje de Gabriel Mascaro es una coproducción de Brasil, México, Chile y Países Bajos que recibió los fondos de estímulo de Ibermedia en esa modalidad de apoyo en nuestra convocatoria 2018, a la que se presentó como Centro da Terra, y que este año que está por terminar ha recibido también el estímulo de Ibermedia a la distribución y circulación de cine iberoamericano 2025.
«Hipnótica», la ha calificado Ricardo Rosado en la revista especializada Fotogramas, al escribir que «Denise Weinberg es la pícara e irresistible protagonista de una road movie hipnótica, movida por el carisma de su heroína y adornada con una fotografía deslumbrante que convierte el Amazonas tanto en espejismo como en refugio».
«Una interesante e imaginativa distopía sobre la vejez como una experiencia reveladora y vital», escribe la crítica de cine Elsa Fernández-Santos en El País. «Con la misma libertad de espíritu que su protagonista, Gabriel Mascaro construye un relato fronterizo entre realidad y ficción en el que se presenta la vejez como una huida hacia adelante en la que todo es nuevo y posible».
«Una película tan meticulosamente inclasificable», se suma el crítico Luis Martínez en El Mundo, «que no está claro si se come o, en verdad, está ahí para comernos a nosotros. La propuesta del brasileño Gabriel Mascaro (suya es la también hipnótica y también fuera de norma Divino amor) es drama costumbrista en mitad de una selva amazónica, pero se desarrolla como lo haría una película de ciencia-ficción. Es metáfora política y es ella misma una revolución. Es provocadoramente voluptuosa y, sin embargo, sus protagonistas presumen con orgullo de su mucha edad […] Lejos de amedrentarse con tanta paradoja sin etiqueta, a medida que El sendero azul avanza, los contrasentidos crecen, se bifurcan y discuten a la misma realidad su dureza, su claridad. Todo resulta tan perfectamente cierto que se diría un sueño. O una pesadilla. Y es ahí, en el nutritivo terreno de lo indómito, donde se queda a vivir».
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Crédito de la imagen superior: fotograma de la película. © Karma Films | Guillermo Garza

