«Los Programas Iberarchivos, Iberartesanías, Iberbibliotecas, Ibercocinas, IberCultura Viva, Iberescena, Ibermedia, Ibermemoria Sonora, Audiovisual y Fotográfica, Ibermuseos, Ibermúsicas, Iberorquestas Juveniles, Iber-Rutas, Archivos Diplomáticos (RADI) y el recién constituido Ibervideojuegos contribuyen desde hace varias décadas y en distintos niveles y con impactos diferenciados al fortalecimiento de la institucionalidad y de las respectivas políticas culturales sectoriales en los países iberoamericanos conforme a lo establecido, principalmente, en la Carta Cultural Iberoamericana (2006); la Agenda Digital Cultural para Iberoamérica (2014) [y] la Estrategia Iberoamericana de Cultura y Desarrollo Sostenible (2021)», escribe Enrique Vargas Flores, Coordinador del Espacio Cultural Iberoamericano (ECI) de la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), en la presentación del documento Programas Iberoamericanos de Cooperación Cultural. Diálogo, solidaridad e incidencia para las políticas culturales en Iberoamérica que se llevó a la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible (Mondiacult), celebrada en Barcelona entre septiembre y octubre del año pasado.
Este Sistema de Programas de Cooperación Cultural, explica Vargas, se constituye «como un instrumento de cooperación horizontal en el marco de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno. Es un modelo de cooperación horizontal, solidario y, por sus características, único en el contexto internacional».
«El Espacio Cultural Iberoamericano (ECI), Área Prioritaria de la cooperación iberoamericana, y los hoy 14 Programas de Cooperación Cultural adscritos a este esfuerzo de integración birregional, centran su trabajo en torno a la protección y al ejercicio de los derechos culturales para el desarrollo integral del ser humano, el fomento a las artes y a la creatividad y, de manera relevante, en la protección de la diversidad cultural como una de nuestras mayores reservas democráticas; aquella que nos torna específicamente seres imaginativos, críticos, simbólicos y complejos en nuestra riqueza».
Efectivamente, se trata de un «valioso esfuerzo intergubernamental de cooperación financiera y técnica que se traduce en el apoyo al desarrollo de proyectos a través de convocatorias y fondos concursables; el análisis y la asesoría en políticas públicas; el intercambio de buenas prácticas», así como «la formación gracias a la oferta de becas», entre otros.
«A treinta y cinco años de la creación de la Conferencia Iberoamericana [y] en el vigésimo aniversario de la Secretaría General Iberoamericana», la publicación «pretende reflejar el trabajo sistémico de un número importante y representativo de Programas Iberoamericanos de Cooperación Cultural», así como «reconocer y difundir, a través de artículos académicos elaborados por sus protagonistas y otros textos, el conjunto de voces representativas de la diversidad y del dinamismo de la región iberoamericana», a la vez que «esbozar los desafíos y perspectivas de futuro de nuestra cooperación cultural en el nuevo contexto multilateral».
Entre los textos incluidos destacan la introducción preparada por la docente e investigadora ecuatoriana Paola de la Vega Velastegui, y entrevistas realizadas por ella a la ministra de Cultura de Brasil, Margareth Menezes; a la ministra de Cultura de Panamá, María Eugenia Herrera; al secretario de Estado de Cultura de España, Jordi Martí Grau, y a la investigadora en estudios americanos chilena Paulina Soto Labbé.
«La cultura no es un sector aislado, debe dialogar con otras agendas», recuerda en esa conversación la ministra panameña María Eugenia Herrera. «Ya no sólo se trata de cooperar, sino de entendernos como un todo», subraya el español Martí Grau. «La palabra fuerte tiene que volver a ser: respeto a las comunidades, a lo común», se suma la chilena Soto Labbé. «De cara al futuro, estos programas deben profundizar su carácter contrahegemónico, funcionando como infraestructuras de promoción de la diversidad cultural», remata la ministra brasileña Margareth Menezes.
Ibermedia. Nuestras obras se ven
Presentado como es lógico en dos idiomas, castellano y portugués, el documento tiene también una sección final en la que todos los textos se pueden leer en inglés para facilitar su difusión internacional.
Por motivos que suponemos todos sabrán comprender, nos permitimos reproducir también algunos párrafos de la sección dedicada al Programa Ibermedia:

«El impacto de las acciones de cooperación del Programa Ibermedia es tangible y, literalmente, visible. Nuestra contribución al complejo proceso de concepción y realización de una obra audiovisual busca facilitar su producción y ampliar su alcance, de modo que atraviese fronteras y llegue al mayor número posible de personas. No se trata sólo de beneficiar a los países de origen de los proyectos participantes ni de limitarse al ámbito iberoamericano; nuestra aspiración es tener una repercusión verdaderamente global».
«La iniciativa [que dio origen al Programa] surgió en un contexto definido por un pequeño grupo de cinematografías que, por razones históricas y socioeconómicas, se desarrollaron a partir de una lógica industrial: España, Argentina, Brasil y México. A este núcleo inicial se sumaron países con una producción reducida, aunque regular, y una posición consolidada: Portugal, Cuba y Venezuela. Así se conformó una avanzadilla que dio soporte al espacio de coproducción iberoamericana. Con el tiempo se fueron incorporando cinematografías que presentaban una producción más escasa e irregular, como las de Uruguay, Colombia, Chile y Perú. El progresivo desarrollo de estas últimas fortaleció sus propias industrias y sirvió de plataforma para la integración de nuevos países con cinematografías más emergentes como Bolivia y Paraguay en América del Sur, y de países de Centroamérica y el Caribe: Panamá, Guatemala, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua y Honduras».
«La formulación e implementación de marcos legales orientados al desarrollo cinematográfico presentaba una notable disparidad en la región. Menos de una decena de países contaba con entes rectores especializados en el sector y legislación específica en materia cinematográfica, lo que limitaba los acuerdos de coproducción a las cinematografías más consolidadas. En este contexto, resultaba impensable la existencia de incentivos fiscales o normativa complementaria que facilitara, por ejemplo, la importación de equipamiento técnico especializado. Asimismo, el acceso a tecnologías para la producción audiovisual representaba un obstáculo considerable, dado que la realización cinematográfica requería del soporte en celuloide y de un costoso proceso de revelado y postproducción, cuya infraestructura —particularmente, los laboratorios— era escasa y concentrada en unos pocos países».

Veintiocho años después, «hemos conseguido este impacto [tangible y visible] con numerosas películas apoyadas por el Programa a lo largo de los años. Entre ellas destaca Una mujer fantástica, coproducción entre Chile y España, galardonada con el Óscar a la Mejor película de habla no inglesa en 2018, que aborda con sensibilidad las identidades trans. También La teta asustada, coproducción entre Perú y España, recibió el Oso de Oro en el Festival de Berlín en 2009; este filme representa las huellas emocionales dejadas por la violencia sexual en contextos del conflicto armado. Otro ejemplo es Pelo malo, coproducción entre Venezuela, Perú y Argentina, premiada con la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián en 2013, que muestra una realidad social donde las normas de la masculinidad tradicional no permiten la disidencia. A esta lista se añade ese cuadro íntimo de los afectos cotidianos de trabajadores e inmigrantes retratado en Las acacias, coproducción argentino-española, Caméra d’Or en el Festival de Cannes de 2011. Recientemente fuimos gratamente sorprendidos por la recepción de Memorias de un cuerpo que arde, coproducción entre Costa Rica y España que en la Berlinale de 2023 obtuvo el Premio del público en la sección Panorama; esta película explora con honestidad y ternura la sexualidad femenina en la tercera edad. En general, a través del apoyo a películas, Ibermedia ha estado presente en los más prestigiosos festivales internacionales de cine; además de los ya mencionados, los de Rotterdam, La Habana, Los Ángeles, Mar del Plata, Huelva, Sundance, Toronto, Tokio, Venecia, Nueva York, Valladolid, Busan, Haifa o Calcuta».
«Otro de los indicadores cualitativos, implementados en 2019, fue el uso de lenguas originarias en las producciones, ante la necesaria visibilidad de las culturas de los pueblos originarios, la incorporación de cineastas procedentes de estas naciones y la amplificación de voces de grupos históricamente excluidos. Como ejemplo, en la Convocatoria 2020, de 292 proyectos preseleccionados, 29 hacían uso de alguna lengua originaria. Finalmente, fueron seleccionados siete proyectos y recibieron en conjunto un total de 244.308 dólares. El indicador que confirma el uso de alguna lengua originaria de los países de América Latina sigue vigente, siendo las de mayor uso el quechua, quichua (Ecuador), guaraní, wayú, aymara, maya tzotzil, arhuaco y mapudungún».
A través de este enlace se puede leer y descargar la publicación completa.

