El actor argentino Héctor Alterio, un maestro de la interpretación en cine y teatro a ambos lados del Atlántico, ha muerto ayer sábado en Madrid a los 96 años, según ha informado su familia en una nota distribuida por la productora teatral Pentación Espectáculos, responsable de la última obra en la que Alterio estuvo trabajando hasta hace poco, Una pequeña historia, tan activo y entusiasta como cuando se inició como actor profesional a los 18.
Su familia, en la que destacan sus hijos también actores Malena y Ernesto Alterio, se han despedido con estas palabras: «Con profundo dolor queremos comunicaros que hoy, 13 de diciembre por la mañana, nos ha dejado Héctor Alterio. Se fue en paz después de una vida larga y plena dedicada a su familia y al arte, estando activo profesionalmente hasta el día de hoy. Descanse en paz».
Según la base de datos especializada en cine, televisión y contenido de streaming Internet Movie Database (IMDb), Héctor Alterio participó como actor en unas 180 producciones tanto cinematográficas como para la televisión. Entre ellas destacan, cómo no, cuatro de los ocho largometrajes argentinos nominados a los Premios Oscar de la academia estadounidense, incluido el primero que lo ganó, La historia oficial (1985), de Luis Puenzo.

Los otros tres largometrajes argentinos nominados a los Oscar que contaron con Héctor Alterio en su reparto estelar son La tregua (1974), de Sergio Renán; Camila (1984), de María Luisa Bemberg, y El hijo de la novia (2001), de Juan José Campanella.
También actuó en otras películas que hoy son clásicos del cine argentino y español como Cría cuervos (1976), de Carlos Saura; Pascual Duarte (1976), de Ricardo Franco; Asignatura pendiente (1977), de José Luis Garci; El crimen de Cuenca (1980), de Pilar Miró; El nido (1980), de Jaime de Armiñán; La Rosales (1984), de David Lipszyc; El detective y la muerte (1994), de Gonzalo Suárez; Cenizas del paraíso (1997), de Marcelo Piñeyro; Las huellas borradas (1999), de Enrique Gabriel; Kamchatka (2002), de Marcelo Piñeyro; Noviembre (2003), de Achero Mañas; e incluso de italianas como El cuarteto Basileus (Il quartetto Basileus, 1982), de Fabio Carpi, o estadounidenses como Los señores del acero (Flesh and Blood, 1985), de Paul Verhoeven.
En 2004 fue reconocido con el Goya Honorífico de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, que recibió en una ceremonia muy emotiva de la mano de sus hijos Malena y Ernesto, y en 2008 recibió el Cóndor de Plata, premio también honorífico de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.
Justamente, la Academia española recordaba este sábado que «su último trabajo en la gran pantalla fue en 2015, Due uomini, quattro donne e una mucca depressa, de la italina Anna di Francisca, aunque también se le pudo ver en 2014 en Kamikaze, de Álex Pina».
Nacido en Buenos Aires en septiembre de 1929, Héctor Alterio era hijo de inmigrantes de Carpinone, en la región meridional italiana de Molise, pegada al Adriático, y cuando a los 12 años perdió a su padre no tuvo más remedio que ponerse a trabajar. A los 18 debutó en el teatro con uno de los papeles principales de Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona.
Sus trabajos para el cine comenzaron en 1965 con Todo sol es amargo, de Alfredo Mathé. Durante los años siguientes Héctor Alterio intervino en algunas de las mejores películas de la entonces nueva generación de cineastas argentinos, como La fidelidad (1970), de Juan José Jusid; Argentino hasta la muerte (1971), de Fernando Ayala; Los siete locos (1973), de Leopoldo Torre Nilsson; La venganza del Beto Sánchez (1973) y La Patagonia rebelde (1974) de Héctor Olivera, o Los golpes bajos (1974), de Mario Sábato.
En 1975, mientras se encontraba en España, fue amenazado de muerte por la Alianza Anticomunista Argentina, la temible banda paramilitar ultraderechista conocida como la Triple A. Para entonces ya habían nacido sus hijos Ernesto, en 1970, y Malena, en 1974, por lo que decidió no regresar a su país y obtener la nacionalidad española. Posteriormente se unieron a él su esposa, la psicoanalista Ángela Bacaicoa, y los pequeños Ernesto y Malena.

Una pequeña historia, la última obra de teatro con la que sin proponérselo acabó cerrando su carrera, llevaba la firma justamente de Ángela Bacaicoa y estaba basada en las memorias del actor. «Sobre la base de una pequeña historia, un viaje de ida y vuelta Buenos Aires–Madrid–Buenos Aires, Héctor Alterio nos trae de regreso los recuerdos de estos años en la poesía, la música y la emoción», se lee en la presentación de la obra en la web de la productora Pentación.
«Entre el amor y el humor», prosigue el texto, «una noche de goce con todos los sentidos, de la mano del actor que sabe atravesarnos con su voz inigualable y la sensibilidad de nuestra música en manos de Juan Esteban Cuacci. Una comunión/celebración sobre el escenario, con un inmenso Héctor Alterio en este regreso cargado de recuerdos y vivencias en los poemas de Cátulo Castillo y un portavoz de la justicia como León Felipe, entre otros».
«A lo largo de mi vida», contaba hace poco Héctor Alterio en El País Semanal con motivo del 50º aniversario de su exilio en España, «he buscado sobre todo dos cosas: entretener y que me crean, que crean en lo que estoy haciendo sobre un escenario. Esto es muy importante. Para mí, actuar ha sido una búsqueda incesante de la verdad».
La vida, decía en esa entrevista con la periodista Mónica Ceberio, «pasa muy rápido. Demasiado rápido. Se va con un soplo. No esperaba llegar a la edad que tengo. Y sé que tengo poco tiempo para seguir trabajando y para seguir viviendo, así que prefiero no pensar demasiado ni en el pasado ni en el futuro. Vivo mi día a día tranquilo».
Confiamos en que con esa sabiduría tranquila se haya ido. Buen viaje, maestro.
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Crédito de la imagen superior: fotograma de ‘El hijo de la novia’ (2001), de Juan José Campanella. A su lado aparecen Ricardo Darín y Norma Aleandro.

