Image default

Conversamos con Mariana Rondón y Marité Ugás, las creadoras de ‘Zafari’, la extraordinaria película que se estrena mañana en toda España

Sentir hambre, padecer hambre, morirse de hambre. En general, las personas que vemos cine tenemos una percepción distorsionada de lo que es tener hambre de verdad. Decimos «me muero de hambre» minutos antes de atacar una sopa, un bocadillo o un plato de hummus con crudités.

El equipo que forman la cineasta venezolana Mariana Rondón y la peruana Marité Ugás propone en Zafari una reflexión acerca de lo que significa pasar de de tenerlo todo, o casi todo, por haber nacido entre los privilegiados de una sociedad, a perderlo también casi todo, incluyendo la satisfacción de una necesidad tan básica como alimentarse. Sus personajes tienen dificultades para encontrar comida. La pregunta que se hace uno de ellos salta hasta la cómoda butaca del espectador: «¿Cuántos días puedes estar sin comer antes de convertirte en una criatura salvaje?».

Mariana Rondón y Marité Ugás son Sudaca Films, la empresa coproductora de ‘Zafari’. © Violeta Medina

Zafari, la extraordinaria película que este viernes se estrena en salas de toda España, cuenta la historia de una familia de clase media alta acostumbrada a ver el mundo desde las alturas de lo que alguna vez fue su elegante edificio con piscina. Ahora, sin embargo, todo a su alrededor se desmorona. Los vecinos que han podido han abandonado el país dejando sus apartamentos como estaban, hay cortes constantes de agua y luz, y una escalofriante escasez de alimentos.

Ana, la madre, busca comida entrando en secreto en los pisos abandonados, mientras Edgar, el padre, se muere de miedo y trata de encontrar la forma de escapar de esta pesadilla en la que un día parece haberse despertado sin saber muy bien cómo ni por qué. Quien mejor resiste es Bruno, el hijo adolescente de ambos, salvo por el hecho de que adaptarse a la nueva realidad lo está transformando de una manera como mínimo inquietante.

El conflicto estalla cuando llega un hipopótamo al pequeño zoológico anexo al edificio con piscina. Se llama Zafari y es lógicamente gordo, aunque esto no puede dejar de verse como una obscenidad en medio de tanta escasez. Para colmo, es el único que tiene comida, y los encargados de dársela son los vecinos pobres, alegres y ruidosos con los que Ana, Edgar y Bruno han empezado a competir también por el uso de la piscina, una frontera social que hasta ese momento separaba a ricos y pobres y ahora es el escenario de una lucha de clases donde en realidad queda muy poco por qué luchar.

Con su mundo distópico y asalvajado, donde el hambre de todos, salvo del hipopótamo, puede convertir a los humanos en bestias, Zafari es una película brillante que retrata muy bien la tragedia del mundo, sobre todo la tragedia estructural sobre la que se descompone América Latina. Al ser Mariana Rondón venezolana, algunos han visto la película como un reflejo de la situación en la que viven hoy muchos de sus compatriotas que no han podido salir del país. Pero como ella misma y su coguionista y coproductora, la peruana Marité Ugás, recuerdan, Zafari también podría verse como una recreación del Perú de los ochenta, la Cuba del período especial o la Argentina de los dos mil. Por no mencionar a Brasil, Centroamérica y no pocos barrios del Estados Unidos actual.

«Todos los elementos apuntaban a que había que dar el paso hacia el thriller y también un poco hacia el terror. Ver sentir físicamente el hambre nos parecía importante para contar la historia»

Otra característica que hace de Zafari una película memorable es su cruce de géneros. Retrata una tragedia, pero está contada como un drama en tono de suspenso que por momentos roza el cine de terror. «Efectivamente», asiente la directora la mañana que conversamos con ella y con Marité Ugás en la sala Camoens de la Casa de América de Madrid, donde Zafari tuvo su preestreno en España. «Desde Contactados [la anterior película del dúo, que dirigió Ugás] veníamos del suspenso. Fue una decisión no estilística sino narrativa que tuvimos que tomar porque la historia de Zafari, contada de manera hiperrealista, podía resultar muy grotesca, miserabilista, incluso pornográfica al mostrar un mundo que se descompone de esa manera».

Hay algo que dan los géneros, prosigue Rondón, «y es poder hacer sentir al espectador algo muy similar a lo que está sintiendo el personaje. Apartarlo del sistema reflexivo para ponerlo en el sistema estomacal y ver qué sensaciones tiene de verdad, físicas. Ver sentir físicamente el hambre a alguien nos parecía importante para contar la historia».

La música de la violinista peruana Pauchi Sasaki contribuye a esa sensación de angustia física que siente el espectador conforme se va dando cuenta de algo en lo que no nos gusta pensar: la supervivencia de nuestros principios éticos, morales, humanos, está estrechamente ligada a la supervivencia vital.

«Todos los elementos apuntaban a que había que dar el paso hacia el thriller y también un poco hacia el terror», comenta Marité Ugás, coautora del guión y coproductora de Zafari, al igual que de las otras cinco películas que han realizado juntas con su productora Sudaca Films, intercalándose sólo para la dirección. «Desde la fotografía, desde elegir el edificio que nos sirve como locación —un edificio antiguo de Lima, el Marsano, que parece un laberinto claustrofóbico porque todos sus pisos y pasillos son iguales—, hasta el diseño sonoro que también va generando esa sensación de mundo cerrado, la postproducción, todo, fue un trabajo de mucha ecualización hasta encontrar la vuelta justa que debía tener la película».

«lo que cuenta la película es lo que para algunos LATINOAMERICANOS pasó o está pasando hoy en su país. Esto retumba tan fuerte que habría sido un error ambientarla en un solo lugar»

En ese pie puesto en el «terror distópico», como bien lo ha llamado Elena del Olmo en Caimán. Cuadernos de cine, tienen un papel fundamental los actores que dan vida a los personajes. Como Varek La Rosa, Bruno en la ficción, un «no actor» cuya experiencia antes de Zafari era haber visto actuar a sus padres, que sí lo son. «De verdad, ha sido el placer más grande del mundo trabajar con todos ellos», se emociona Rondón. «Había algunos y algunas [Samantha Castillo, Beto Benites] con los que ya habíamos trabajado. Pero había nuevos, de varios países, que además venían no de su país, sino del país en el que están viviendo. Lo que hicimos fue encerrarnos durante casi un mes a hacer muchas películas. Porque nunca ensayamos la historia que vamos a filmar. Aquí, por ejemplo, ensayamos cómo es la vida de una familia cuando es feliz y, después, cuando ya no es feliz».

En cada película del tándem Sudaca Films, quien lleva la dirección de actores es la propia directora: Mariana Rondón en Zafari, Marité Ugás en Contactado, y así. «Lo más interesante», prosigue la directora de Zafari, «fue ponerlos a todos en igualdad de condiciones y empezar a provocarlos. El punto más álgido de este vínculo en el que todos pertenecían al mismo país, la misma casa y la misma familia fue cuando hicimos un ejercicio de relaciones de poder. Hacíamos triangulaciones en las a que uno se le daba el poder, luego se le quitaba, y fue increíble ver cómo desde Varek, el niño peruano, hasta Juan Carlos Colombo, un señor actor argentino que vive y trabaja en México, entraban en la misma ronda. ¡Cómo disfrutamos ese trabajo!».

Quienes ya han visto la película en los muchos festivales internacionales en los que se ha presentado (San Sebastián, Biarritz, Toulouse, Múnich, Lima, Trieste, Kerala, el festival suizo FILMAR) reconocen que uno de sus mayores aciertos es justamente no precisar el país latinoamericano en el que se desarrolla la historia. Querían, sí, «unas condiciones específicas: Sol Caribe y un edificio con una piscina hermosa», recuerda Marité Ugás. Y como en Lima no existe ese Sol, «Zafari se va convirtiendo así en una inmensa coproducción de siete países, entre ellos la República Dominicana, con quienes ya habíamos trabajado antes. Así que el rodaje fue cuatro semanas en Lima, cuatro en el caribe dominicano».

«La película tenía que empezar como una comedia negra y el conflicto por la piscina debía pasar de ser una metáfora de lo que es inútil por lo que luchar hasta volverse lo más poderoso por lo que hacerlo»

Aunque la historia de la película tiene un lejano vínculo con una noticia real, la muerte de un hipopótamo en Caracas, la capital venezolana no se muestra para nada. Lo explica Rondón: «Marité y yo llevamos treinta años haciendo coproducciones entre Perú y Venezuela, yo soy venezolana pero llevo más de diez años viviendo en Lima, y mucha gente siente que lo que cuenta la película es lo que alguna vez pasó o está pasando hoy en su país. Esto retumba tan fuerte que habría sido un error ambientarla en un solo lugar, cuando la torpeza que muestra es una torpeza regional. Además, cuando te das cuenta de que esta torpeza es un germen catastrófico que empieza a tener un alcance mundial, ves que la película crece, se vuelve más amplia, gracias justamente a no haberla limitado a un solo espacio».

Si en gran medida Zafari puede verse como una metáfora de la lucha de clases cuando lo único que queda por preservar es la condición humana, es interesante preguntar a las cineastas por qué eligieron el punto de vista de los ricos despojados de sus privilegios y no el de los pobres que aprovechan el desmadre para plantear una peculiar situación de igualdad. «La película tenía que empezar como una comedia negra», comienza Rondón, «y el conflicto por la piscina debía pasar de ser una metáfora de lo que es inútil por lo que luchar hasta volverse lo más poderoso por lo que hacerlo. La igualdad es la gran utopía, ¿cierto? Pero ¿la igualdad en el peor lugar y en la peor de las situaciones? Ya no sé si es tan interesante o tan virtuosa esa igualdad».

Además, interviene Ugás, está el terror encarnado en la mirada de Edgar, el padre. «Es él, conforme avanza la película, el que contiene el miedo absoluto. Es ahí donde nos queríamos sentar, en este personaje que nos puede resultar antipático, pero que en el fondo está cagado de miedo».

«Y comprenderlo», se suma Rondón. «En el proceso de dirigir a los actores, fue difícil el trabajo con él [Francisco Denis] porque no quería a su personaje. Tuve que defenderlo diciendo justamente que Edgar es quien más se parece a mí. ¡Yo tengo esos miedos! No soy la valiente de la historia, soy la miedosa, por eso hago esta película. Sabemos que Edgar está destruido y que es cómplice de todo lo que no quiere y en lo que no cree. Es la gran tragedia, porque aunque no lo conocimos en su origen, comprendemos que algo en él era maravilloso y a lo que estamos asistiendo es a su destrucción».

La tarde del preestreno español en la Casa de América de Madrid, con Beto de la taberna Baco y Beto, y Marivení de la Taberna Angosta. © Casa de América

«fuimos un poco Ibermedia antes de Ibermedia. Nos graduamos en la EICTV en La Habana, ahí le contamos a Gabo el proyecto, nos reunimos con él en Cartagena, llegamos por tierra a Caracas: nosotras, un colombiano, una argentina»

Zafari es una coproducción de Perú, Venezuela, México, Francia, Brasil, Chile y la República Dominicana que recibió los fondos de estímulo de Ibermedia al codesarrollo de cine iberoamericano en nuestra convocatoria 2016 y a la coproducción en 2020. Es imprescindible preguntarles por lo que significa coproducir y, antes aún, codesarrollar un proyecto cinematográfico desde el punto de vista creativo y también técnico, humano.

«Desde sus inicios», explica Marité Ugás, «Sudaca Films nace como una coproducción. Somos dos creadoras que si bien nos intercalamos los roles, sentimos cada película como muy propia y como una coproducción natural de nuestras dos naciones. Asimismo, hacemos películas de corte autoral desde la dirección, es decir, con la producción al servicio de la dirección, por lo que siempre buscamos financiarnos con dineros blandos. Tenemos por ejemplo a Ibermedia apoyándonos desde nuestra primera película, y a institutos de cine de países de toda América Latina, que a veces se van para arriba, y otras veces se caen. Nos pasó con Zafari: teníamos a Brasil, pero el apoyo se desinfla con Bolsonaro, así que tuvimos que salir a buscar esa pata que se nos había caído».

Es interesante que recuerden que sus seis películas realizadas hasta hoy recibieron los fondos de Ibermedia: A la media noche y media, dirigida por ambas y estrenada en el año 2000; Postales de Leningrado, Rondón, 2007; El chico que miente, Ugás, 2011; Pelo malo, Rondón, 2013; Contactado, Ugás, 2020, y Zafari, Rondón, 2024. Porque A la medianoche… se filmó antes de que Ibermedia se pusiera en marcha, aunque en cuanto lo hizo el Programa les concedió los fondos de apoyo a la distribución.

Ugás y Rondón en el Festival de Venecia presentando su nueva película ‘Aún es de noche en Caracas’, escrita y dirigida por ellas pero no desde Sudaca Films. © Violeta Medina

Mariana Rondón tiene una historia que contar sobre este tema. «Nosotras fuimos un poco Ibermedia antes de que existiera Ibermedia», anuncia. «Antes de crear Sudaca Films, creamos otra coproductora en la que participaban otras naciones latinoamericanas y nos fuimos al Pacto Andino a inscribirla como empresa multinacional andina. Fue un poco el esquema de lo que acabaría siendo Ibermedia, una multinacional iberoamericana. De hecho, cuando se crea Ibermedia, nos llaman para preguntarnos cómo habíamos hecho para inscribir nuestra empresa. Una locura».

En esta historia aparecen también Gabriel García Márquez, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y el conflicto entre el Perú y Ecuador conocido como la Guerra del Cenepa. «Ya teníamos armado nuestro primer proyecto cuando aparece la puta guerra», recuerda Marité Ugás. «La historia fue así», precisa Rondón. «Nos graduamos en la EICTV en La Habana, ahí le contamos a Gabo el proyecto, nos reunimos con él en Cartagena, nos dice “tú ve a hablar con nosequién y tú con nosequién”. Todos llegamos por tierra a Caracas para la reunión con la CAF, la Corporación Andina de Fomento: nosotras, un colombiano, una argentina. Y cuando ya habíamos cerrado casi todo, ¡la guerra! Borraron a todo el mundo y nos quedamos sin nada. Hicimos la Gran Colombia sin nada de plata».

Dirigida por Mariana Rondón, y escrita por la directora y Marité Ugás, Zafari es una coproducción en la que participan Sudaca Films de Perú, Paloma Negra de México, Klaxon Cultura Audiovisual de Brasil, Still Moving de Francia, Quijote Films de Chile, Selene Films de la República Dominicana y Artefactos Films de Venezuela.

Está protagonizada por Daniela Ramírez (Ana), Francisco Denis (Edgar), Samantha Castillo (Natalia), Varek La Rosa (Bruno), Claret Quea (MataPerro), Juan Carlos Colombo (Francisco) Alí Rondón (Alí) y Beto Benites (Flaco).

La dirección de fotografía es de Alfredo Altamirano, la música de Pauchi Sasaki, el montaje de Isabela Monteiro de Castro, el diseño de sonido de Lena Esquenazi, el diseño de producción de Diana Quiróz, el casting de Beto Benites y la dirección de producción de Eliana Illescas y Yuneidys Lachapel.

La producción general fue de Marité Ugás, Cristina Velasco, Jorge Hernández, Rafael Sampaio, Juliette Lepoutre, Pierre Menahem, Giancarlo Nasi, Sterlyn Ramírez y Mariana Rondón.

Contenidos relacionados

Elena Vilardell recibirá un nuevo homenaje, esta vez en el FICG de Guadalajara, México

Ibermedia

Visita nuestro stand en el MAFIZ del Festival de Málaga

Ibermedia

El festival Cine Latino del Bergen International Film Festival de Noruega proyecta cuatro películas realizadas con los fondos de Ibermedia

Ibermedia

Nada menos que ¡nueve! películas realizadas con los fondos de Ibermedia en el Festival de Málaga que va hasta este domingo 15 de marzo

Ibermedia

Cinco películas realizadas con los fondos de Ibermedia en el ciclo ‘Directoras uruguayas’, que se puede ver también en YouTube

Ibermedia

Proimágenes Colombia busca evaluadores para la convocatoria del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, FDC, 2026

Ibermedia