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“Cuba y su Escuela de Cine me cambiaron la vida”. Conversamos con Alice de Andrade, la directora brasileña de 'Veinte años'

Hace unos días se estrenó en todo Brasil el extraordinario documental Veinte años con el que Alice de Andrade trenza la vida cotidiana de tres familias cubanas filmadas a lo largo de dos décadas. La película refleja también el profundo amor que la directora brasileña siente por Cuba, un país donde el tiempo pasa “de forma distinta a otros lugares” y donde ella tuvo la suerte de formarse como cineasta —y como persona— en su Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, una experiencia que, según dice en esta entrevista, le cambió la vida para siempre. Sucede que en 1992 de Andrade realizó otro documental en Cuba, Luna de miel, que podría considerarse el gran antecedente de Veinte años: fue su primera historia coral sobre el amor y la vida en pareja en la caribeña sociedad socialista, ochenta personas que se presentaron al casting y a las que ella volvió a contactar veinte años después porque “al conocer a esas personas (que cada vez que estuve en sus casas me acogieron, me cuidaron, me cocinaron, me abrazaron) supe que un día iba a volver a verlas”. Veinte años es una coproducción de Filmes do Serro de Brasil, Minerva Entertainment de Costa Rica y la propia EICTV de Cuba que recibió el apoyo de Ibermedia en la Convocatoria 2013. La película fue premiada en el Festival de Brasilia, ha sido seleccionado para la Mostra de São Paulo y los festivales de Miami, La Habana y Guadalajara, y hoy, tras su auspicioso estreno en Brasil, espera su momento para exhibirse en todo el mundo. Mientras tanto, Alice de Andrade ultima los detalles de una serie de televisión nacida de los dos documentales anteriores: por el momento se titula Ochenta destinos y son trece episodios que cuentan “las otras historias”, las que no entraron ni en Luna de miel ni en Veinte años. Un trabajo en conjunto monumental que de Andrade sólo puede explicar como “una misión”: devolver con su trabajo cinematográfico el cariño, la confianza y la generosidad que ha recibido siempre de Cuba y los cubanos.
Estreou há alguns dias no Brasil inteiro o extraordinário documentário Vinte anos com que Alice de Andrade entrança a vida quotidiana de três famílias cubanas filmadas ao longo de duas décadas. O filme reflete também o profundo amor que a realizadora brasileira sente por Cuba, um país onde o tempo passa “de forma diferente de outros sítios” e onde ela teve a sorte de se formar como cineasta – e como pessoa – na sua Escola Internacional de Cinema e TV de San Antonio de los Baños, uma experiência que, segundo diz nesta entrevista, mudou a sua vida para sempre. Acontece que em 1992 de Andrade realizou outro documentário em Cuba, Lua de mel, que poderia ser considerado o grande antecedente de Vinte anos: foi a sua primeira história coral sobre o amor e a vida a dois na caribenha sociedade socialista, oitenta pessoas que concorreram ao casting e que ela contactou de novo vinte anos depois porque “ao conhecer essas pessoas (que cada vez que estive em casa delas me acolheram, cuidaram de mim, cozinharam para mim, me abraçaram) soube que um dia voltaria a vê-las”. Vinte anos é uma co-produção da Filmes do Serro do Brasil, da Minerva Entertainment da Costa Rica e da própria EICTV de Cuba que recebeu o apoio do Ibermedia na Convocatória 2013. O filme foi premiado no Festival de Brasília, foi selecionado para a Mostra de São Paulo e os festivais de Miami, Havana e Guadalajara, e hoje, após a sua auspiciosa estreia no Brasil, aguarda o momento de ser exibido no mundo inteiro. Entretanto, Alice de Andrade está a finalizar os detalhes de uma série de televisão nascida dos dois documentários anteriores: por enquanto intitula-se Oitenta destinos e são treze episódios que contam “as outras histórias”, as que não entraram em Lua de mel nem em Vinte anos. Um trabalho em conjunto monumental que de Andrade só pode explicar como “uma missão”: devolver com o seu trabalho cinematográfico o carinho, a confiança e a generosidade que recebeu sempre de Cuba e dos cubanos.

La familia de Marlene y Mario, en 2011.
La familia de Marlene y Mario, en 2011.

Escribe TOÑO ANGULO DANERI
Me gustaría empezar preguntándote por el origen de Veinte años. Tengo claro que Luna de miel es el antecedente y que sin ese primer documental dos décadas después esta película no existiría. ¿Cuándo se te ocurrió volver sobre los pasos de algunos protagonistas de Luna de miel para rodar Veinte años?
Para Luna de miel realizamos un casting al que se presentaron personas muy especiales e interesantes de filmar. Fue un corto producido por Channel 4, aunque en realidad yo quería que fuese un mediometraje. Mi intención era utilizar esas entrevistas del casting en la película, y al final Luna de miel quedó como un corto con dos parejas. Desde entonces siempre supe que algún día iba a hacer algo con ese material, con esas personas, así que conservé las fichas de todas esas parejas y las entrevistas en VHS. En mi cabeza me repetía: “Un día lo hago, un día lo hago, un día lo hago”. Durante un tiempo viví en Francia y, cuando decidí regresar a Brasil, me dije: “Ahora es el momento”, porque empezaban las reformas de Raúl Castro y sabía que Cuba iba a cambiar.
Hay un bonito texto de Jamila Castillo, la asistente de dirección en Luna de miel, en el que cuenta los detalles de ese casting al que se presentaron cuarenta parejas a punto de casarse. Hoy, como directora ya consagrada, ¿dirías que ese casting marcó el futuro de tu carrera cinematográfica?
En realidad lo que ha marcado mi carrera y cambió mi vida es Cuba, la experiencia de estudiar en la Escuela de Cine [de San Antonio de los Baños]. Soy otra persona desde que salí de allí. Yo tenía una carrera cinematográfica, tenía un camino, pero la Escuela cambió mi perspectiva de lo que quería hacer en la vida, como cineasta y como todo. Hoy considero como una misión el devolver con mi trabajo las cosas que he recibido de Cuba y de los cubanos: el cariño, la confianza, la generosidad. Cada vez que estuve en casa de esas personas, me acogieron, me cuidaron, me cocinaron, me abrazaron. El casting fue extraordinario por eso. Era un caleidoscopio de lo que había dado como resultado ese país, una muestra de personas llenas de esperanza y ganas de vivir. Lo que quise hacer en Luna de miel fue retratar a esas personas en su tiempo. En gran parte para eso sirve el cine, para detener el tiempo y retratar un momento. El casting de Luna de miel me permitió tener un conocimiento que quizá nunca hubiese tenido de no haberlo hecho.
Con todo ese material, además, estoy haciendo una serie de trece episodios. Cada episodio cuenta la historia que ha pasado desde entonces con una pareja. Son las “otras” historias, las que no entraron en Luna de miel ni en Veinte años. La serie se llama Ochenta destinos porque, entre esos hombres y mujeres, varios viven ahora en Suecia, Suiza, Bolivia, México, Argentina, España y Estados Unidos. Son historias de vida, de gente que salió del país, y también de parejas que siguen ahí, casadas o separadas, y luchando.
La familia de Marlene y Mario, en 1992.
La familia de Marlene y Mario, en 1992.

¿Esta serie la estás haciendo con algún canal, como Luna de miel con Channel 4?
Sí, con el canal de cable Cine Brasil TV, y tiene el apoyo del Fondo Sectorial del Audiovisual, que es un organismo de la Agência Nacional do Cinema (ANCINE) de Brasil. Cuando termine este proyecto, que creo que será en mayo, supongo que daré por terminada esta etapa.
¿Cuántas horas de material tenías al empezar el montaje de Veinte años? Ahora que hablas de esta serie de trece capítulos, me suena mejor el cálculo que yo había hecho, y que debe de ser muchísimo para una película que va de 1992 al 2015, que es cuando el papa Francisco visita la isla.
Muchísimo material, uf, ni siquiera he tenido el coraje para sacar la cuenta. Porque considera esto: Luna de miel fue un documental con guión. Yo había diseñado una estructura clásica con primer acto, segundo acto y tercer acto. Fue como un guión para una película de ficción: dos parejas complementarias que se mueven bien juntas. Pero yo siempre me quedé pensando en eso, si no hubiera elegido a parejas que yo ya tenía previamente idealizadas quizá me habría salido una película diferente… Entonces en Veinte años quise hacer un largo sin guión. Y, como dicen los cubanos, “¡no fue fácil!”
Con una serie de trece episodios ya no tendrás ese problema, supongo.
Eso es lo bueno, que todo ese material me sirve hoy. El arco grande de Ochenta destinos es mi propia búsqueda por entender qué ha pasado con esas personas y con Cuba en todos estos años. Además, trabajo con antiguos compañeros de la Escuela. Hay uno que filma en Bolivia, otro en Venezuela, uno en Argentina, una muchacha en España… Un compañero de Chile hizo la post, entre los brasileños hay un guionista, un fotógrafo y la editora principal. La serie tiene también a Orlando Senna, que fue muchos años director de la Escuela, como principal guionista.
Así, si Veinte años narra lo que pasó en esas dos décadas en Cuba, en Ochenta destinos el arco temporal y geográfico se amplifica a Latinoamérica y la línea del tiempo va hasta enero del 2019, cuando la revolución cubana cumplirá sesenta años.
La familia de Mirian y Andrés, en 2011.
La familia de Mirian y Andrés, en 2011.

¿Qué tal la experiencia de volver a trabajar con compañeros de la Escuela?
La serie rehace también los lazos de la gran familia que es la EICTV. Yo no había visto a muchos de esos compañeros en veinticinco años y hemos tenido la oportunidad de volver a trabajar juntos. Cada uno filma por su cuenta y nos manda imágenes de cada país. Tenemos también una coproducción del ICAIC para utilizar imágenes de los Noticieros Latinoamericanos en la serie, lo que nos permite ubicar mejor al público joven que no tiene idea de lo que ha sido la Revolución cubana.
Ya habías trabajado con esos archivos en Memoria cubana, ¿no?
Sí, aunque en este caso las imágenes sirven para ancorar las historias de vida de los protagonistas de la serie. ¡Es un proyecto de locos!, pero creo que va a quedar muy bonita.
Volviendo a Veinte años, algo que hace que una película sea excepcional es la cantidad de lecturas que el espectador puede hacer de ella. Y yo al menos he sentido que Veinte años habla de muchas cosas y de todas al mismo tiempo, empezando, por ejemplo, por el amor. ¿Qué crees que decía Luna de miel sobre el amor en Cuba con respecto a lo que ahora viene a decir Veinte años?
En Luna de miel el amor es como más ingenuo… A mí Luna de miel me parece bastante lubitschiana, con un sentido del humor representativo de ese espíritu cubano de reírse de la vida, de los momentos duros, de sobrellevarlos con fantasía, con música y con swing, como dicen ellos. Veinte años, para mí, es una película más dura; como dices, de muchas capas. Entonces el amor aparece en un sentido más amplio también: el amor por el país, por los hijos, por la vida y por los ideales. Qué sobrevive y qué no. Qué resistió al paso del tiempo, y cómo resistió, a qué precio.
Mirian y Andrés, en 1992.
Mirian y Andrés, en 1992.

La película también habla del paso del tiempo en un país “donde el tiempo parece no pasar”. ¿Dirías que el tiempo les dura más a los cubanos que a los que vivimos en otros países?
No. Más bien supongo que por el bloqueo y por una serie de motivos, Cuba y La Habana se parecen al país y al lugar de tu infancia. El otro día una persona fue a ver Veinte años y me dijo: “Tu película me ha transportado a mi infancia”. Si recuerdas, la película empieza con un plano en una calle de La Habana donde hay un cartel que dice “El país de las maravillas”. Y maravillas… vaya. Es duro, es un país que te plantea una lucha y un enamoramiento constante. Cuba les da a las personas una identidad muy fuerte, un ideal de solidaridad muy grande (tú siempre sabes que puedes contar con ellas) y una constancia para lograr lo que se proponen porque son personas muy bien formadas. Una muchacha sale de Cuba después de haber estudiado música en el Conservatorio, al año siguiente está en una Sinfónica Nacional y un año después es la mejor solista y gana el Grammy. Esa muchacha es Camila Berg, la hija de Marlene y Mario, una de las parejas de Veinte años. Ese carácter tan propio de Cuba ya salía en el casting de Luna de miel y tiempo después sigue saliendo.
Otro ejemplo es Jamila [la asistente de dirección en Luna de miel], que hoy es cantante y le pone mucha energía a todo lo que hace. Yo hacía muchos años que no hablaba con ella, pero de pronto nos volvimos a ver y es un huracán de vida. Hizo que personas a las que ella tampoco había vuelto a ver le contaran su vida. Y también está Mirian, que en un momento de Veinte años decía que no podía coser y ahora está cosiendo unas almohadas bellísimas que le han dado dinero suficiente para comprarse una lavadora nueva.
¿Eso después de la película?
Eso lo descubrió Jamila después, sí. Me mandó fotos de las almohadas increíbles que está cosiendo y me contó que Mirian se va a buscar el relleno a no sé donde de Santiago de Cuba, y la tela a no sé qué otro sitio. Así es la gente en Cuba, se inventa maneras de salir adelante y subir alto.
La familia de Silvia y Danilo, en 2011.
La familia de Silvia y Danilo, en 2011.

Veinte años no es un documental político ni pretende serlo, pero esto que dices es interesante visto también por ese lado. Por ejemplo, una de las tres parejas, Silvia y Danilo, se fue a vivir a Miami, y por momentos uno siente que han perdido un poco esto que dices de los cubanos. Por contraste están justamente Mirian y Andrés, que hoy tienen que compartir su apartamento de 40 metros cuadrados con sus hijos y las parejas de estos, y sin embargo se ríen y bromean sobre cómo hacen para convivir tantas personas en ese espacio tan reducido.
A Silvia y Danilo se les ve como muy cansados, sí, agotados de tanto trabajar, porque en Miami tienen una vida difícil y trabajan mucho, mucho, mucho. Pero ese espíritu sigue apareciendo por ejemplo en el juego del dominó, y entonces no creo que lo hayan perdido. Igualmente me parece una gente súper corajuda.
Otro tema de la película es la repercusión que tienen las transformaciones económicas en la vida cotidiana de las personas. Y yo pensaba: esto nos está pasando constantemente a todos sin que nos demos cuenta. En Cuba, quizá porque los cambios son más lentos, un ojo entrenado como el tuyo los puede registrar y mostrar minuciosamente. Lo pensaba por ejemplo al ver algunas imágenes que me parecen de una gran poesía visual, como esas parejas que salen en una plaza hablando con sus hijos que viven fuera de Cuba a través de modernos teléfonos móviles con pantallas de video.
Ese cambio sí que vino de golpe. Con la entrada de internet y el momento en que se retoman las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, parecía que venía un viento de renovación y de transformación total. Pero las primeras transformaciones fueron muy lentas, no llegaban. Y, como soy obstinada, tuve que filmar durante mucho tiempo para reflejarlas. Como te decía, para Luna de miel yo tenía un guión muy fuerte y, en ese sentido, el documental fue fácil de editar. Pero con Veinte años tenía sólo una idea central, sin guión (de lo que me arrepiento muchísimo). Dejarme llevar por los sentimientos y por el amor, teniendo como trasfondo los cambios. Todo muy romántico, pero nada práctico visto cinematográficamente.
Silvia y Danilo, en 1992.
Silvia y Danilo, en 1992.

La visita del papa Francisco en el 2015 ¿fue lo que te dio la idea de cierre?
En realidad, yo había terminado el rodaje en el 2013, pero gané el apoyo de Ibermedia y pude filmar otra vez. Fue una suerte tremenda porque me había pasado un año escribiendo una telenovela ambientada en los años 70 y al salir de eso pude retomar Veinte años. ¡O sea que gracias a Ibermedia la película no nació vieja y pude retratar el cambio!
¿Cómo fue el rodaje?
La película la rodábamos quince días cada año. La mayor parte la hicimos entre tres personas: un director de fotografía, Nicolás Wong, una sonidista-directora asistente, Alexandra Latschev, ambos de Costa Rica, y yo. La coproducción con Costa Rica vino de una efectiva colaboración y nos permitió filmar muchas etapas del desarrollo de la violinista. Postular y ganar el apoyo de Ibermedia fue lo que nos permitió terminar bien, porque Veinte años es una película muy cuidada en su finalización. En pantalla grande se notan las texturas de las diferentes películas y cámaras, del video analógico al HD, pasando por los contactos en 35mm y las fotografías pintadas a mano. En todos sus detalles se siente el paso del tiempo. También la música fue muy trabajada.
Contactos fotográficos de Marlene mientras se preparaba para su boda, en 1992.
Contactos fotográficos de Marlene mientras se preparaba para su boda, en 1992.

La música, te lo iba a decir, es impresionante. No sólo porque comparte el título de la extraordinaria habanera de María Teresa Vera y Guillermina Aramburu, sino porque incluyes varias versiones del tema, entre ellas la que interpretan Camila y Karla Berg, las hijas de Marlene y Mario.
Quisimos comprar la versión de Omara Portuondo con Buena Vista Social Club, pero no aceptaron el precio que podíamos ofrecer por ella, que la verdad no era mucho. Recuerdo que primero compramos el tema y después fuimos comprando las versiones.
Igual pones otras cinco o seis.
Algunas las hizo el director musical de la película porque no pudimos encontrar todas las versiones que queríamos, como una bellísima del trío Los Príncipes. Además de ésta, teníamos como veinte versiones. Al final pudimos comprar otra preciosa que sí sale, la de Celeste Mendoza. Fue toda una costura hacer Veinte años.
Entonces, la llegada del papa, ¿les cayó de suerte? Porque es justo cuando la película, cronológicamente, termina.
Ésa fue la suerte que te dije, la suerte de Ibermedia. No filmamos directamente al papa, pero se ve su presencia en carteles en toda la ciudad y sale su voz a través de la radio. Allí también pude trabajar con el director de fotografía de Luna de miel, Ángel Alderete, que filmó también algunas escenas de 2011, y efectivamente, con la llegada del papa a Cuba se cierra todo. A mí me gusta mucho la fotografía de Luna de miel, me parece preciosa. Además, el Período Especial está muy poco filmado, casi no hay imágenes de esos años, no se hacía porque no había recursos. Por eso siento que hay dos cosas excepcionales allí: el haber filmado un período con tan pocas imágenes, y que sea una fotografía tan bella.
Karla, una de las gemelas de Marlene y Mario.
Karla, una de las gemelas de Marlene y Mario.

Otra cosa excepcional de Luna de miel es que muestra el ritual de la boda socialista cubana, con toda la ilusión y el lujo que se ponía en ella, en una época como el Período Especial en que casi no había recursos para todo lo demás.
Creo que era una práctica que había también en otros países socialistas, así que diría que era un incentivo del Estado socialista en general, no sólo el cubano. La idea era incentivar lo que siempre se ha considerado la primera célula de toda sociedad, la formación de una familia. Y eso venía de antes, sólo que durante el Período Especial no había nada. Hay una persona en Ochenta destinos que dice: “El sábado entré en una tienda y había de todo, incluso cámaras fotográficas, perfumes. El lunes fui a la misma tienda y todo estaba vacío”. Esta persona no lograba entender qué había pasado. En medio de esa crisis de falta de petróleo, falta de comida, falta de todo, el Estado cubano puso todo su esfuerzo en el turismo para conseguir divisas y poder importar las cosas que antes llegaban de los países del Este. De pronto los hoteles se volvieron un mundo prohibido, salvo… si tú te casabas. Junto con el hotel podías tener la cerveza, el ron. Los huevos se racionaban a dos por persona a la semana, pero para la boda tenías los huevos suficientes para hacer una torta de fantasía, esas tortas típicas de boda. En Ochenta destinos hay otra persona que cuenta que su torta era una maqueta con merengue por encima y que la torta de verdad, la que daba el Estado, se repartía en trozos en unas cajitas.
En medio de todo esto, el Estado garantizaba el derecho de todas las parejas a tener doce cosas para su boda: el vestido, el traje, la torta, el pase de bocaditos, el carro… Eran como los doce trabajos de Hércules, porque te daban doce bonos para canjear, y aunque tú quisieras el carro, eso costaba carísimo y encima había que encontrar la gasolina, que estaba súper racionada. En cuanto a la famosa luna de miel en el hotel, había que pasarse doce días de colas llegando tempranísimo para tener derecho a pagar en pesos cubanos el establecimiento turístico. Era un poco como Reina por un día: tres días de luna de miel en un hotel era para los obreros un lujo, y luego el regreso a la vida, a montar bicicleta porque no había transporte público. Hoy ya no hay nada de eso, es un tiempo que ya pasó.
Alice de Andrade, la directora brasileña de Veinte años. © Miami Film Festival.
Alice de Andrade, la directora brasileña de Veinte años. © Ana Carolina Fernandes.

Además de tu obra como guionista y directora, todo el mundo reconoce también tu impresionante trabajo de recuperación de archivos fílmicos tanto de la obra de tu padre como de los noticieros cinematográficos del cubano Santiago Álvarez. ¿Podrías contar algunos detalles de ese trabajo?
Te cuento: mi padre murió en el año 88, poco antes de que llegara Collor de Melo al poder. Ese año hicimos una retrospectiva de su obra y cuando fuimos a ver los negativos estaban todos viejísimos. Diez años después, cuando vivía en Francia, me pidieron que hiciera otra retrospectiva y ya no había más negativos. Estaban en la cinemateca de Río, al lado del mar, con toda la humedad, y como no había plata, las películas se habían echado a perder. Estuve otros diez años recuperando las películas, pidiendo presupuestos y buscando los materiales para restaurar. La Petrobras, la compañía de petróleos de Brasil que apoya mucho el cine, nos dio el dinero que necesitábamos. Con el presupuesto que nos aprobaron hicimos la restauración digital y ahí me di cuenta de que en lo digital todo puede cambiarse. Quiero decir que sobre una copia digital tú puedes cambiar íntegramente una obra, y yo tenía la intuición de que eso no estaba bien, que las películas de mi padre no estaban seguras con copias solamente digitales. Entonces me fui a estudiar, hice un master de conservación de los patrimonios culturales en París y aprendí. Tuve la suerte de tener a un maestro maravilloso como Luciano Berriatúa, que restauró todo Murnau; me hice amiga de Martin Körber, un alemán que restauró la obra de Lang, y en general conocí a gente muy buena en esto, a Alfonso del Amo, entre muchos otros. Y allí fuimos. Hicimos un proyecto de restauración de las películas de mi padre repartidas por todo el mundo y realizamos un gran trabajo, todo muy sistemático. Tenemos copias en muchas lenguas que proyectamos en cinematecas de todo el mundo e hicimos muestras por todos lados.
Así fue como aprendí a restaurar. Luego fui a La Habana a mostrar las películas de mi padre, me ofrecí para ayudar al ICAIC y logré hacer el puente con el Centro Nacional de la Cinematografía de Francia para tenerlo también todo en digital. También he hecho otras cuantas cosas en ese ramo, pero después regresé a Brasil y la restauración fue un poco dejada de lado al retomar mi carrera como cineasta. Pero es una cosa que aprendí, que sé hacer y que me gusta mucho. También he trabajado en la Cinemateca Portuguesa. Con Veinte años y Ochenta destinos fue como volver un poco a mis propios archivos. Luego de haber hecho lo que hice con la obra de mi padre y con el ICAIC, fue como decir: “Bueno, ahora voy a volver a lo mío”.
Al principio decías que lo que marcó tu carrera cinematográfica fue Cuba y el haber estudiado allí. ¿Cómo ves la Escuela de Cine y el cine cubano actual?
El nuevo-nuevo cine cubano es interesantísimo. Hay una tradición cinematográfica muy importante en el país y creo que eso se nota en su cine actual, la fuerza que tienen sus películas, su originalidad. Pero la importancia de la Escuela no sólo se refleja en el cine cubano: hay cineastas formados allí en todas partes. La última vez que pasé tiempo en la Escuela fue haciendo el trabajo de los noticieros cinematográficos del ICAIC. ¡Ah, y también hicimos un taller internacional financiado por Ibermedia: la Escuela Sobre Ruedas Para la Preservación Fílmica! Creo que toda la cooperación que nació del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, de sus ideales, ha sido fundamental para lo que vemos ahora. Es algo que no tiene precio ni comparación.
Última pregunta: ¿qué me cuentas de la nueva película de ficción que estás escribiendo? ¿La tienes avanzada?
No, todavía estoy con el guión. Eso sí, emocionalmente estoy muy enamorada de ella.

Tráiler

https://www.facebook.com/vinteanosfilme/videos/1420317411447283/

La familia de Marlene y Mario, en 2011.
La familia de Marlene y Mario, en 2011.

Escreve TOÑO ANGULO DANERI
Gostaria de começar por lhe perguntar pela origem de Vinte anos. Sei que Lua de mel é o antecedente e que sem esse primeiro documentário duas décadas depois este filme não existiria. Quando se lembrou de revisitar a vida de alguns protagonistas de Lua de mel para filmar Vinte anos?
Para Lua de mel fizemos um casting ao qual concorreram pessoas muito especiais e interessantes de filmar. Foi uma curta produzida pelo Channel 4, embora eu na verdade quisesse que fosse uma média-metragem. A minha intenção era usar essas entrevistas do casting no filme, e afinal Lua de mel acabou por ficar uma curta com dois casais. Desde então sempre soube que um dia faria alguma coisa com esse material, com essas pessoas, portanto conservei as fichas de todos esses casais e as entrevistas em VHS. Na minha cabeça repetia-me: “Um dia vou fazê-lo, um dia vou fazê-lo, um dia vou fazê-lo”. Durante uns tempos vivi em França e, quando decidi regressar ao Brasil, disse para mim mesma: “Chegou a altura”, porque as reformas de Raúl Castro estavam a começar e sabia que Cuba ia mudar.
Há um bonito texto de Jamila Castillo, a assistente de realização em Lua de mel, no qual conta os pormenores desse casting ao qual concorreram quarenta casais que estavam prestes a casar. Hoje, como realizadora já consagrada, diria que esse casting marcou o futuro da sua carreira cinematográfica?
Na verdade aquilo que marcou a minha carreira e mudou a minha vida foi Cuba, a experiência de estudar na Escola de Cinema [de San Antonio de los Baños]. Sou outra pessoa desde que saí de lá. Eu tinha uma carreira cinematográfica, tinha um caminho, mas a Escola mudou a minha perspetiva daquilo que queria fazer na vida, como cineasta e como tudo. Hoje considero uma missão devolver com o meu trabalho as coisas que recebi de Cuba e dos cubanos: o carinho, a confiança, a generosidade. De cada vez que estive em casa dessas pessoas, acolheram-me, cuidaram de mim, cozinharam para mim, abraçaram-me. O casting foi extraordinário por isso. Era um caleidoscópio do que aquele país tinha dado como resultado, uma amostra de pessoas cheias de esperança e vontade de viver. Aquilo que quis fazer em Lua de mel foi retratar essas pessoas no seu tempo. Em grande parte é para isso que o cinema serve, para deter o tempo e retratar um momento. O casting de Lua de mel permitiu-me ter um conhecimento que talvez nunca tivesse tido se não o tivesse feito.
Com todo esse material, estou a fazer também uma série de treze episódios. Cada episódio conta a história que aconteceu desde então com um casal. São as “outras” histórias, as que não entraram em Lua de mel nem em Vinte anos. A série chama-se Oitenta destinos porque, entre esses homens e mulheres, vários vivem agora na Suécia, Suíça, Bolívia, México, Argentina, Espanha e Estados Unidos. São histórias de vida, de pessoas que saíram do país, e também de casais que lá continuam, casados ou separados, e a lutar.
La familia de Marlene y Mario, en 1992.
La familia de Marlene y Mario, en 1992.

Está a fazer esta série com algum canal, como Lua de mel com o Channel 4?
Sim, com o canal de cabo Cine Brasil TV, e tem o apoio do Fundo Setorial do Audiovisual, que é um organismo da Agência Nacional do Cinema (ANCINE) do Brasil. Quando acabar este projeto, que penso que irá ser em maio, calculo que darei esta fase por terminada.
Quantas horas de material tinha quando começou a montagem de Vinte anos? Agora que fala nesta série de treze capítulos, o cálculo que eu tinha feito soa melhor, e deve ser imenso para um filme que vai de 1992 a 2015, que é quando o papa Francisco visita a ilha.
Imenso material, ufa, nem tive coagem de fazer as contas. Porque considere isto: Lua de mel foi um documentário com guião. Eu tinha concebido uma estrutura clássica com primeiro ato, segundo ato e terceiro ato. Foi uma espécie de guião para um filme de ficção: dois casais complementares que se mexem bem juntos. Mas eu fiquei sempre a pensar nisso, se não tivesse escolhido casais que eu já tinha idealizado previamente talvez tivesse resultado num filme diferente… Portanto em Vinte anos quis fazer uma longa sem guião. E, como os cubanos dizem, “¡no fue fácil!
Com uma série de treze episódios já não terá esse problema, imagino.
É isso que é bom, que todo esse material me serve hoje. O arco grande de Oitenta destinos é a minha própria busca por compreender o que aconteceu com essas pessoas e com Cuba em todos estes anos. Além disso, trabalho com antigos colegas da Escola. Há um que filma na Bolívia, outro na Venezuela, um na Argentina, uma em Espanha… Um colega do Chile fez a pós-, entre os brasileiros há um guionista, um fotógrafo e a editora principal. A série também tem Orlando Senna, que foi diretor da Escola muitos anos, como principal guionista.
Assim sendo, se Vinte anos narra o que aconteceu nessas duas décadas em Cuba, em Oitenta destinos o arco temporal e geográfico alarga-se à América Latina e a linha do tempo dura até janeiro de 2019, quando a revolução cubana fizer sessenta anos.
La familia de Mirian y Andrés, en 2011.
La familia de Mirian y Andrés, en 2011.

Como foi a experiência de trabalhar de novo com colegas da Escola?
A série também refaz os laços da grande família que a EICTV é. Eu não via muitos desses colegas havia vinte e cinco anos e tivemos a oportunidade de trabalhar juntos de novo. Cada um filma por sua conta e manda-nos imagens de cada país. Teremos também uma co-produção do ICAIC para usar imagens dos noticiários latino-americanos na série, o que nos permite situar melhor o público jovem que não faz ideia do que foi a Revolução cubana.
Já tinha trabalhado com esse arquivo em Memória cubana, não foi?
Sim, embora neste caso as imagens sirvam para ancorar as histórias de vida dos protagonistas da série. É um projeto de loucos! Mas penso que vai ficar muito bonita.
Voltando a Vinte anos, algo que torna um filme excecional é a quantidade de leituras que o espectador pode fazer dele. E eu pelo menos senti que Vinte anos fala de muitas coisas e de todas ao mesmo tempo, começando, por exemplo, pelo amor. O que acha que Lua de mel dizia sobre o amor em Cuba relativamente ao que agora Vinte anos vem dizer?
Em Lua de mel o amor é mais ingénuo… A mim Lua de mel parece-me bastante lubitschiano, com um sentido de humor representativo desse espírito cubano de nos rirmos da vida, dos momentos difíceis, de os ultrapassarmos com fantasia, com música e com swing, como eles dizem. Vinte anos, para mim, é um filme mais duro; como diz, de muitas camadas. Então o amor aparece num sentido mais amplo também: o amor pelo país, pelos filhos, pela vida e pelos ideais. O que sobrevive e o que não. O que resistiu à passagem do tempo, e como resistiu, a que preço.
Mirian y Andrés, en 1992.
Mirian y Andrés, en 1992.

O filme também fala da passagem do tempo num país “onde o tempo parece não passar”. Diria que o tempo dura mais para os cubanos do que para quem vive noutros países?
Não. Até imagino que, devido ao bloqueio e a uma série de motivos, Cuba e Havana parecem o país e o sítio da nossa infância. No outro dia uma pessoa foi ver Vinte anos e disse-me: “O seu filme transportou-me para a minha infância”. Se bem se lembra, o filme começa com um plano numa rua de Havana onde está um cartaz que diz “O país das maravilhas”. E maravilhas, então… É difícil, é um país que nos apresenta uma luta e um apaixonamento constante. Cuba dá às pessoas uma identidade muito forte, um ideal de solidariedade muito grande (sabemos sempre que podemos contar com elas) e uma constância para atingirem aquilo que se propõem porque são pessoas muito bem formadas. Uma jovem sai de Cuba depois de estudar música no Conservatório, no ano seguinte está numa Sinfónica Nacional e um ano depois é a melhor solista e ganha o Grammy. Essa jovem é Camila Berg, a filha de Marlene e Mario, um dos casais de Vinte anos. Esse caráter tão próprio de Cuba já aparecia no casting de Lua de mel e passado algum tempo continua a aparecer.
Outro exemplo é a Jamila [a assistente de realização e Lua de mel], que hoje é cantora e põe muita energia a tudo o que faz. Eu não falava com ela há muitos anos, mas de repente tornámos a ver-nos e é um furacão de vida. Fez com que pessoas que ela também não tinha tornado a ver lhe contassem a sua vida. E também está Mirian, que a dada altura de Vinte anos dizia que não podia costurar e agora está a fazer umas almofadas lindíssimas que lhe deram dinheiro suficiente para comprar uma máquina de lavar nova.
Isso foi depois do filme?
A Jamila soube disso depois, sim. Mandou-me fotos das almofadas incríveis que está a costurar e contou-me que a Mirian vai buscar o enchimento não sei onde em Santiago de Cuba, e o tecido a não sei que outro lado. As pessoas em Cuba são assim, arranjam maneiras de andar para a frente e chegar alto.
La familia de Silvia y Danilo, en 2011.
La familia de Silvia y Danilo, en 2011.

Vinte anos não é um documentário político nem o pretende ser, mas isto que está a dizer também é interessante visto por esse lado. Por exemplo, um dos três casais, Silvia e Danilo, foi viver para Miami, e por momentos sentimos que perderam um pouco isto que você diz dos cubanos. Em contraste estão precisamente Mirian e Andrés, que hoje têm de partilhar o apartamento de 40 metros quadrados com os filhos e os companheiros deles, e no entanto brincam e fazem piadas sobre como fazem para tantas pessoas conviverem nesse espaço tão reduzido.
Silvia e Danilo parecem bastante cansados, sim, esgotados de trabalhar tanto, porque em Miami têm uma vida difícil e trabalham muito, muito, muito. Mas esse espírito continua a aparecer por exemplo no jogo do dominó, portanto não me parece que o tenham perdido. Também me parecem pessoas super corajosas.
Outro tema do filme é a repercussão que as transformações económicas têm na vida quotidiana das pessoas. E eu pensava: isto acontece-nos a todos constantemente sem darmos por isso. Em Cuba, talvez por as mudanças serem mais lentas, um olho treinado como o seu pode registá-las e mostrá-las minuciosamente. Pensava nisso por exemplo ao ver algumas imagens que me parecem de grande poesia visual, como os casais que aparecem numa praça a falar com os filhos que vivem fora de Cuba através de modernos telefones com ecrãs de vídeo.
Essa mudança, sim, foi repentina. Com a entrada da Internet e o momento em que se retomam as relações diplomáticas com os Estados Unidos, parecia que vinha um vento de renovação e de transformação total. Mas as primeiras transformações foram muito lentas, não vinham. E, como sou obstinada, tive de filmar durante muito tempo para as refletir. Como lhe dizia, para Lua de mel eu tinha um guião muito forte e, nesse sentido, o documentário foi fácil de editar. Mas com Vinte anos tinha só uma ideia central, sem guião (algo de que me arrependo imenso). Deixar-me levar pelos sentimentos e pelo amor, tendo as mudanças como pano de fundo. Tudo muito romântico, mas nada prático visto cinematograficamente.
Familia de Mirian y Andrés, en 2011.
Familia de Mirian y Andrés, en 2011.

Foi a visita do papa Francisco em 2015 que lhe deu a ideia do fim?
Na verdade eu tinha terminado as filmagens em 2013, mas ganhei o apoio do Ibermedia e pude filmar outra vez. Foi uma sorte enorme porque tinha passado um ano a escrever uma telenovela ambientada nos anos 70 e, ao terminar isso, pude retomar Vinte anos. Portanto, graças ao Ibermedia o filme não nasceu velho e pude retratar a mudança!
Como foram as filmagens?
Filmávamos quinze dias cada ano. Fizemos a maior parte entre três pessoas: um diretor de fotografia, Nicolás Wong, uma sonoplasta-realizadora assistente, Alexandra Latschev, ambos da Costa Rica, e eu. A co-produção com a Costa Rica veio de uma efetiva colaboração e permitiu-nos filmar muitas etapas do desenvolvimento da violinista. Concorrer e ganhar o apoio do Ibermedia foi o que nos permitiu acabar bem, porque Vinte anos é um filme muito cuidado na sua finalização. No grande ecrã notam-se as texturas dos diferentes filmes e câmaras, do vídeo analógico ao HD, passando pelos contactos em 35 mm e as fotografias pintadas à mão. Em todos os pormenores sente-se a passagem do tempo. Também a música foi muito trabalhada.
Contactos fotográficos de Marlene mientras se preparaba para su boda, en 1992.
Contactos fotográficos de Marlene mientras se preparaba para su boda, en 1992.

A música, ia dizer-lhe isso, é impressionante. Não só porque tem o mesmo título que a extraordinária habanera de María Teresa Vera e Guillermina Aramburu, mas porque inclui várias versões do tema, entre elas a interpretada por Camila e Karla Berg, as filhas de Marlene e Mario.
Quisemos comprar a versão de Omara Portuondo com o Buena Vista Social Club, mas não aceitaram o preço que podíamos dar por ela, que é verdade que não era muito. Lembro-me de que primeiro comprámos o tema e depois fomos comprando as versões.
Também põe outras cinco ou seis.
Algumas foi o diretor musical do filme que fez porque não pudemos encontrar todas as versões que queríamos, como uma belíssima do trio Los Príncipes. Além desta, tínhamos umas vinte versões. Depois acabámos por poder comprar outra belíssima que aparece, a de Celeste Mendoza. Foi uma completa costura fazer Vinte anos.
Então a chegada do papa foi um golpe de sorte? Porque é mesmo quando o filme, cronologicamente, acaba.
Foi dessa sorte que falei, a sorte do Ibermedia. Não filmámos o papa diretamente, mas vê-se a sua presença nos cartazes em toda a cidade e ouve-se a sua voz na rádio. Lá também pude trabalhar com o diretor de fotografia de Lua de mel, Ángel Alderete, que também filmou algumas cenas de 2011, e, com efeito, com a chegada do papa a Cuba termina tudo. Eu gosto muito da fotografia de Lua de mel, acho-a belíssima. Além disso, o Período Especial foi muito pouco filmado, quase não há imagens desses anos, não se fazia porque não havia recursos. É por isso que sinto que há duas coisas excecionais lá: ter filmado um período com tão poucas imagens, e ser uma fotografia tão bela.
Karla, una de las gemelas de Marlene y Mario.
Karla, una de las gemelas de Marlene y Mario.

Outra coisa excecional de Lua de mel é que mostra o ritual do casamento socialista cubano, com toda a alegria e o luxo que este tinha, numa época como o Período Especial em que quase não havia recursos para tudo o resto.
Penso que era uma prática que havia também noutros países socialistas, portanto diria que era um incentivo do Estado socialista em geral, não só do cubano. A ideia era incentivar aquilo que se considerou sempre a primeira célula de qualquer sociedade, a formação de uma família. E isso já vinha de antes, só que durante o Período Especial não havia nada. Há uma pessoa em Oitenta destinos que diz: “No sábado entrei numa loja e havia tudo, até câmaras fotográficas, perfumes. Na segunda-feira fui à mesma loja e estava tudo vazio”. Esta pessoa não conseguia compreender o que se tinha passado. No meio dessa crise de falta de petróleo, falta de comida, falta de tudo, o Estado cubano colocou todo o esfoço no turismo para obter divisas e poder importar as coisas que antes vinham dos países de Leste. De repente os hotéis tornaram-se num mundo proibido, salvo… se as pessoas casassem. Juntamente com o hotel podiam ter a cerveja, o rum. Os ovos eram racionados a dois por pessoa e por semana, mas para o casamento tinham ovos suficientes para fazer um bolo de noiva. Em Oitenta destinos há outra pessoa que conta que o seu bolo era uma maquete com merengue por cima e que o bolo verdadeiro, o que o Estado dava, era distribuído numas caixinhas.
No meio disto tudo, o Estado garantia o direito de todos os casais terem doze coisas para o casamento: o vestido, o fato, o bolo, os canapés, o carro… Eram como os doze trabalhos de Hércules, porque davam doze vales para trocar, e, mesmo que se quisesse o carro, era caríssimo e ainda por cima era preciso encontrar a gasolina, que estava super racionada. Quanto à famosa lua de mel no hotel, era preciso fazer fila durante doze dias, chegando cedíssimo, para ter o direito de pagar o estabelecimento turístico em pesos cubanos. Era um pouco como Rainha por um dia: três dias de lua de mel num hotel era um luxo para os operários, e depois o regresso à vida, andar de bicicleta porque não havia transportes públicos. Hoje já não existe nada disso, é um tempo que já passou.
Alice de Andrade, la directora brasileña de Veinte años. © Miami Film Festival.
Alice de Andrade, la directora brasileña de Veinte años. © Ana Carolina Fernandes.

Além da sua obra como guionista e realizadora, todos reconhecem também o seu impressionante trabalho de recuperação de arquivo fílmico tanto da obra do seu pai como dos noticiários cinematográficos do cubano Santiago Álvarez. Pode contar alguns detalhes desse trabalho?
Eu conto: o meu pai morreu no ano 88, pouco antes da chegada de Collor de Melo ao poder. Nesse ano fizemos uma retrospetiva da sua obra e quando fomos ver os negativos estavam todos velhíssimos. Dez anos depois, quando vivia em França, pediram-me para fazer outra retrospetiva e já não havia mais negativos. Estavam na cinemateca do Rio, ao lado do mar, com toda a humidade, e como não havia dinheiro, os filmes tinham-se estragado. Estive mais dez anos a recuperar os filmes, a pedir orçamentos e a procurar os materiais para restaurar. A Petrobras, a companhia de petróleos do Brasil que apoia muito o cinema, deu-nos o dinheiro de que precisávamos. Com o orçamento que nos aprovaram fizemos o restauro digital e então percebi que no digital é possível mudar tudo. Quero dizer que sobre uma cópia digital podemos mudar uma obra integralmente, e eu tinha a intuição de que isso não era bom, que os filmes do meu pai não estavam seguro só com cópias digitais. Então fui estudar, fiz um mestrado de conservação dos patrimónios culturais em Paris e apendi. Tive a sorte de ter um mestre maravilhoso como Luciano Berriatúa, que restaurou todo o Murnau; fiquei amiga de Martin Körber, um alemão que restaurou a obra de Lang, e em geral conheci pessoas muito boas nisto, Alfonso del Amo, entre muitos outros. E lá fomos. Fizemos um projeto de restauro dos filmes do meu pai distribuídos no mundo inteiro e fizemos um grande trabalho, tudo muito sistemático. Temos cópias em muitas línguas que projetámos em cinematecas do mundo inteiro e fizemos mostras em todo o lado.
Foi assim que aprendi a restaurar. Depois fui a Havana mostrar os filmes do meu pai, ofereci-me para ajudar o ICAIC e consegui fazer a ponte com o Centro Nacional da Cinematografia de França para ter também tudo em digital. Também fiz outras quantas coisas nesse ramo, mas depois regressei ao Brasil e o restauro foi um pouco deixado de lado ao retomar a carreira como cineasta. Mas é uma coisa que aprendi, que sei fazer e de que gosto muito. Também trabalhei na Cinemateca Portuguesa. Com Vinte anos e Oitenta destinos foi um pouco como voltar ao meu próprio arquivo. Depois de fazer o que fiz com a obra do meu pai e com o ICAIC, foi como dizer: “Bom, agora vou voltar a fazer o meu trabalho”.
No início dizia que o que marcou a sua carreira cinematográfica foi Cuba e ter estudado lá. Como vê a Escola de Cinema e o cinema cubano atual?
O novo-novo cinema cubano é interessantíssimo. Existe uma tradição cinematográfica muito importante no país e penso que isso se nota no seu cinema atual, na força que os seus filmes têm, na sua originalidade. Mas a importância da Escola não só se reflete no cinema cubano: em todo o lado há cineastas formados lá. A última vez que passei tempo na Escola foi a fazer o trabalho dos noticiários cinematográficos do ICAIC. Ah, e também fizemos uma oficina internacional financiada pelo Ibermedia: a Escola sobre Rodas para a Preservação Fílmica! Penso que toda a cooperação que nasceu do Festival do Novo Cinema Latino-americano de Havana, dos seus ideais, foi fundamental para o que vemos agora. É algo que não tem preço nem comparação.
Última pergunta: o que me pode contar do novo filme de ficção que está a escrever? Vai adiantado?
Não, ainda vou no guião. Isso sim, emocionalmente estou muito apaixonada por ele.

Trailer

https://www.facebook.com/vinteanosfilme/videos/1420317411447283/

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