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Desde el lado del corazón

Desde el lado del corazón narra la historia de la nueva izquierda en el Perú desde mediados de los años sesenta hasta el Paro Nacional de 1977 en pleno gobierno militar y marca el debut del reconocido Francisco Pancho Adrianzén en la dirección de un largometraje. Christian Wiener, gestor de la actual Ley de Cinematografía Peruana, cuenta la historia detrás de esa historia «y de nosotros que la quisimos tanto».

Escribe CHRISTIAN WIENER FRESCO

Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.
Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.

Eran tiempos heroicos, las mayorías soñaban con un nuevo mundo y la revolución, y lo que importaba no era lo que eras o querías ser, sino lo que estabas dispuesto a entregar por el cambio. Fue la Guerra de Vietnam, el Concilio Vaticano II, el viaje a la Luna y los viajes en LSD, el rock y la contracultura hippie, la Revolución Cultural china, la guerrilla del Che en Bolivia, los tupamaros en Uruguay, el Mayo del 68, la masacre de Tlatelolco, la Primavera de Praga, el triunfo de Allende en Chile. Eran los años de la conmoción, la década prodigiosa, la era de Acuario, la minifalda y el pelo largo, cuando la utopía parecía posible y los jóvenes rebeldes eran capaces de ofrendar sus vidas por nada, como en la canción de Pablo Milanés, “si, en fin, lo que me rodea / no puedo cambiar cual fuera / lo que tengo y que me ampara”.

El Perú no fue ajeno a esa efervescencia política y cultural, pero la vivió de manera particular y con protagonistas y giros insólitos. A este proceso es que se refiere el sentido documental Desde el lado del corazón de Francisco Pancho Adrianzén Merino, una coproducción peruano-cubana de 101 minutos de duración, realizada con el apoyo del ex Consejo Nacional de Cinematografía del Perú (CONACINE) y el Programa Ibermedia.

Destacado sonidista y cineasta de larga trayectoria, Adrianzén es también parte de esa izquierda y de su historia

La película se organiza sobre la base de entrevistas y testimonios de reconocidos dirigentes de la izquierda peruana, así como de militantes de base, combinándose con imágenes de la época de algunos de los acontecimientos políticos más importantes. Es un arco cronológico que va desde el año 1965, en el primer gobierno de Fernando Belaúnde, cuando abortan prematuramente las guerrillas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), hasta 1977, en la segunda fase del gobierno militar presidida por el general Francisco Morales Bermúdez, después del contundente Paro Nacional que obligó a su repliegue y a la convocatoria a elecciones para el retorno a la democracia.

CRECED Y MULTIPLICAOS

En esos años nació lo que dio en llamarse la “nueva izquierda”, formada por jóvenes principalmente de clase media que, al influjo de la Revolución Cubana y las luchas sindicales y campesinas en el país, quisieron construir su propia vía al socialismo, alejándose de la ortodoxia tradicional del Partido Comunista, alineado con la política de su hermano mayor de la Unión Soviética. Estaban también los partidos y agrupaciones maoístas, seguidoras del Partido Comunista Chino, los de la galaxia trotskista, que se empecinaban en las tácticas foquistas y militaristas, los cristianos radicalizados, y un largo etcétera de siglas que podían confundir a los mayores conocedores de la materia (incluyendo, por supuesto, a la policía).

Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.
Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.

Representantes de esa multiplicidad de grupos y reagrupamientos desfilan en el documental grabado en Lima, Cusco, Pucallpa, Trujillo y Buenos Aires; empezando por Gustavo Espinoza, ex secretario general del mayor gremio nacional, la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y miembro destacado del Partido Comunista Peruano; el mítico dirigente de las tomas de tierras en La Concepción, Cusco, Hugo Blanco; el ex guerrillero y activista Héctor Béjar; el exiliado dirigente estudiantil y líder del PC del P, más conocido como Patria Roja –en referencia a su periódico partidario–, Rolando Breña; los forjadores y dirigentes de Vanguardia Revolucionaria, Edmundo Murrugarra y Ricardo Letts, entre otros; sin dejar de nombrar a dos ya desaparecidos: el antropólogo Carlos Iván Degregori y Javier Diez Canseco, tal vez el político de izquierda más consecuente y representativo de los últimos años en el Perú.

Fue la Guerra de Vietnam, el Concilio Vaticano II, el viaje a la Luna y los viajes en LSD, el rock y la contracultura hippie

Al lado de ellos se suceden los testimonios de los militantes de base: dirigentes campesinos, obreros y barriales, hombres y mujeres que vivieron el día a día de la acción política y la convivencia con el pueblo y la “clase”, para decirlo en los términos marxistas de la época. Y es interesante contraponer el discurso de los dirigentes sobre las estrategias y tácticas políticas a nivel nacional con el quehacer cotidiano de los militantes en sus células, fábricas y comunidades donde activaban. Alberto Flores Galindo, historiador y militante también de esa nueva izquierda, prematuramente fallecido, escribía sobre este período que “el aporte de la nueva izquierda podría resumirse en una palabra: ‘clasismo’, que aún cuando originada en Mariátegui [el fundador del socialismo peruano, agregado personal], en esos años se le otorgó un contenido específico. Significaba la afirmación y defensa de los intereses de una clase social, su reivindicación abierta en una lucha llevada hasta el final, sin las concesiones del viejo sindicalismo aprista y sin la corrupción de la política criolla”.

Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.
Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.

La mística y la entrega con que se llevaba la militancia era extrema y rigurosa, y queda expresada en un sinnúmero de relatos: el dirigente estudiantil de una universidad particular que se fue a vivir con los obreros metalúrgicos en la fundición de La Oroya; los que se amanecían para vender periódicos partidarios, hacer las pintas o “dar línea” al sindicato en huelga; o los que se involucraban, poncho en ristre, en las tomas de tierras en las lejanas comunidades andinas. La entrega al partido (“primero el partido, luego el partido y finalmente el partido”) por sobre lo personal y los bienes “burgueses” y materiales llegaba hasta al ascetismo y a la negación de todo lo que no fuera política, como lo confiesa culposamente un dirigente que nunca supo bailar y que probó licor por primera vez muchos años después, cuando fue elegido parlamentario.

Clasismo significaba la afirmación y defensa de los intereses de una clase social, sin las concesiones del viejo sindicalismo y sin la corrupción de la política criolla

Pero la militancia no estuvo exenta de dificultades, como la discriminación de género y el relegamiento de las mujeres en los cargos de dirección a las tareas y roles de “compañeras” de los dirigentes y militantes varones. O el “olvido” de los militantes proletarios y campesinos fuera de la acción política o sindical, incapaces de abordar la compleja cosmovisión cultural de ese mundo popular más allá de los clichés doctrinarios.

CON VELASCO, EL PERÚ

La gran prueba de fuego de la izquierda fue el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado, quien dio el golpe a Belaúnde el 3 de octubre de 1968 y se mantuvo en el poder hasta el 29 de agosto de 1975, cuando fue reemplazado por el general Morales Bermúdez en lo que dio en llamarse la «segunda fase». A diferencia de los regímenes militares de nuestra historia pasada, caracterizados por su carácter represivo y su cerrada defensa de los intereses de los grupos más conservadores y tradicionales, el de Velasco fue una experiencia audaz e inédita al tomar a los pocos días en el poder las instalaciones petroleras de la Brea y Pariñas en el norte peruano, expropiando a la empresa norteamericana International Petroleum Company. Y luego, ya definida como revolución, emprendió medidas que golpearon al poder oligárquico imperante en el país, como la reforma agraria, la creación de una comunidad industrial, la reforma educativa, el no-alineamiento internacional.

Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.
Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.

Los militantes de izquierda, formados teórica y prácticamente en el recelo al mundo castrense, fueron ganados por el desconcierto ante ese protagonista inesperado que fue Velasco, que estaba llevando a cabo banderas que los movimientos izquierdistas y el aprismo auroral habían levantado desde hacía décadas en el país. Y mirando hacia atrás sin ira, los jóvenes iracundos de esos años reconocen en el presente lo que significó ese gobierno para cambiar el país, quebrando el poder de las empresas extranjeras y las grandes familias, no obstante sus contradicciones y límites, empezando por su carácter vertical y dictatorial. Un régimen al que la gran mayoría enfrentó en las calles y en el campo, con huelgas y movilizaciones, sufriendo muchas veces carcelería y deportaciones, sin lo cual nunca se hubiera consolidado una organización popular tan amplia y combativa como la que llegó a tener la izquierda a inicios de la década de los ochenta.

Luego vino Morales Bermúdez y el desmontaje de las reformas, el inicio de la crisis económica y el endurecimiento del accionar represivo, con el inevitable enfrentamiento, ahora sí general y masivo, con el movimiento popular en alza y su vanguardia política de izquierda, que culminó en el mítico Paro Nacional del 19 de julio de 1977, cuando el país entero se detuvo pese a las amenazas y a la represión policial, como respondiendo a la consigna, tantas veces coreada en las calles, de “que el miedo se acabó”.

TESTIMONIOS DE VIDA

Pancho aclara que su objetivo no fue documentar un período o analizar las tesis políticas y posiciones pasadas o actuales de los protagonistas, sino testimoniar entusiasmos, frustraciones, ideales y fidelidades a un ideal político y a una praxis de vida. “Es una idea que tenía en la cabeza desde la mitad de los años ochenta, pero que por diversas razones no se pudo llevar a cabo hasta el presente”. Y agrega que “en un principio me interesaba presentar la historia de la izquierda peruana, pero luego fui ganado por los testimonios y vivencias de quienes la encarnaron, intentando descubrir las razones, motivaciones y situaciones individuales que llevaron a muchos jóvenes a militar en ese sector en esos años”.

Adrianzén asegura que viene preparando la continuación, pero ésa es otra historia que en su momento habrá que contar también con la zurda por delante

Destacado sonidista y cineasta de larga trayectoria, Adrianzén es también parte de esa izquierda y de su historia, como su hermano Beto, que aparece entrevistado en el documental –lo que deviene el proyecto en casi familiar, pues sus sobrinos María Luisa y Carlos Alberto son productor y asistente de producción, respectivamente, y su hija Berenice, responsable de la investigación gráfica–, convirtiendo a la película, de alguna manera, en una forma de introspección y ajuste de cuenta personal, afectuoso y crítico al mismo tiempo, con su pasado y presente, así como los de muchos camaradas o compañeros de ruta.

LA MEMORIA FÍLMICA

El reto más difícil fue disponer de las imágenes de la época, sobre todo porque en el Perú no existe una Cinemateca Nacional, ni una cultura del archivo fílmico y del documento audiovisual como en otros lugares. Por suerte Pancho ha llevado un registro metódico de los acontecimientos sociales desde el año 1975 hasta el presente, primero en 16mm en blanco y negro, y ahora en digital, y lo ha complementado con imágenes cedidas por colegas cineastas y de trabajos anteriores. Lo que le costó más trabajo hallar fueron las filmaciones y audios de Velasco, mucho de ellos destruidos al convertirse luego de su caída en la bête noire de los sectores acomodados y poco conocido referente para el poblador popular. Pero en el Perú siempre es posible recuperar parte de lo perdido, y gracias a ello ubicó en los coleccionistas y en la “cachina” (el mercado de pulgas limeño) algunos valiosos pies de película y cintas de video que aparecen en el documental.

Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.
Desde el lado del corazón. © Mapa Comunicaciones.

La otra fuente de imágenes, especialmente internacionales, la brindó la coproducción del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), con el apoyo entusiasta del recordado Camilo Vives en la producción. El documental se precia, además, de contar con la fotografía de uno de los grandes maestros del oficio en el Perú, compañero de aventuras de Werner Herzog, el cusqueño Jorge Vignati; acompañado por el no menos talentoso Juan Durán. La edición estuvo a cargo del más joven, pero no menos hábil, Roberto Benavides, y la música original, uno de los grandes logros del documental, fue compuesta e interpretada por los cubanos Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán, que cuentan entre sus trabajos previos su participación en la banda sonora de Habana blues de Benito Zambrano, con la que obtuvieron un Goya.

Desde el lado del corazón, que como sabemos se ubica a la izquierda, es la ópera prima en el largometraje de Pancho Adrianzén, quien asegura que viene preparando una continuación que iría desde 1977 hasta el triunfo de Izquierda Unida en la alcaldía de Lima en 1983. Pero ésa es otra historia, que en su momento habrá que contar también con la zurda por delante.

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Christian Wiener Fresco es cineasta, periodista y docente universitario. Fue vicepresidente del Consejo Nacional de Cinematografía del Perú (CONACINE), presidente de la Asociación de Cineastas del Perú (ACDP) y de la Unión de Cineastas Peruanos (UCP); y gestor de la actual Ley de Cinematografía Peruana. Se desempeñó como director del Programa de Tele-Educación Universitaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (TELEDUSM) y director general de Industrias Culturales y Artes del Ministerio de Cultura. Actualmente es docente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ha ejercido como profesor en las universidades de Lima, Inca Garcilaso de la Vega, César Vallejo, Federico Villareal, así como en el Instituto de Educación Superior Toulouse Lautrec y el Instituto Superior de Comunicaciones y Cine Charles Chaplin.

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